THERE´S A LONG WAY TO THE TOP

Carlos Esteban González

There´s a long way to the top if you wanna rock´n´roll, que cantaba Bon Scott, aunque para algunos el hecho de que haya un largo camino hasta la cima es lo que les obliga a alcanzarla.  

En alguno de mis viajes paré en la estación de autobuses de Santander, disponiendo de algo de tiempo entre el bus que me dejó allí y aquel que cogería haciendo transbordo. Aunque no recuerde a ciencia cierta el motivo o el destino del viaje, ni, incluso, a mis acompañantes, sí recuerdo que era hora de comer y que decidimos caminar para ocupar la espera y comer mirando al mar. Compramos algunas cosas en un supermercado cercano a la estación y dirigimos el paso con lo necesario para hacer unos bocadillos y los equipajes. Ya cercanos al puerto, pero desconociendo este hecho, nos cruzamos con un señor al que le adjudico ahora en mi recuerdo unos treinta, treinta y cinco años, moreno, tanto de piel como de pelo, de rasgos que mostraban enfrentarse habitualmente a las inclemencias del tiempo y con uno aro de oro en la oreja izquierda. Este señor apareció en la enésima esquina que dudábamos sin doblar y, no recuerdo si porque le preguntamos dónde quedaba el mar o por su iniciativa, comenzamos a hablar. Tuvo a bien comentarnos que era extranjero y  que allí en Santander marino, mientras nos pedía dinero para ayudarle o algo de esa barra de pan que asomaba de entre las bolsas que llevábamos. Con el pan en la mano nos contó que a los marinos que cruzaban el mar se les permitía agujerearse la oreja como mérito distintivo de su hazaña, colocando en la ausencia de carne que ahora mostraba el lóbulo un aro de oro como el que él llevaba. Desconozco que fue de él más allá del momento en que conseguimos escapar a su presencia, y, comprobando ahora la leyenda, parece que este aro de oro decoraba las orejas de los antiguos marinos no como mérito por la dificultad de su trabajo, sino más bien por su peligrosidad. El aro de oro, además de decorar su oreja, servía al marinero como seguro económico. Al ser un pendiente, era más probable que esa cantidad de oro no se desprendiera de su cuerpo y se perdiera, como previsiblemente ocurriría con un collar, pulsera o anillo, y, si el marino o pirata fallecía en el naufragio, servía para cubrir los costes de su entierro, o, si sobrevivía y despertaba en alguna playa desconocida, podría servirle para empezar de nuevo. Igualmente, aunque ya entrando en el terreno fantástico sin ningún reparo, se dice por ahí (1) que entre los navegantes de toda índole se extendió la idea de que sólo aquellos que hubieran cruzado con éxito el Cabo de Hornos tenían tres
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  1 La presumible señorita Trenzas en el blog Una carta para ti, en su relato El pendiente del pirata.
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Nana de nuna cuna.

 Ay! Cántame mi dulce vida.
 Al oído suéname
En la gruta con el fuego
Tu voz
 El bosque eterno.

Abrázame con tu canto
como a un hermano muerto.
 Así puedes abrazarlo a él
 con todo su aliento.
 Abrázame, mientras convierto
Mi cuerpo en tu cuna nuna
Abrázame mientras se esparce
 El sonido al calor de esta tumba.

Suéname pequeñito mi nuna
Que ya voy cerrando el prisma que te imagina,
Y tengo mi boca en la teta que amamanta mi ternura.
 
Cántame ligado en el sueño vida
Despierta mi conciencia paciente
Despiértame
 A que imagine
 el siguiente amanecer.

Ollie de Ninfo

HAY UNA CIERTA TENDENCIA EN EL CINE AMERICANO…

 Rodrigo Roig Herrero 


GÉNERO: Terror, Thriller  
DIRECTOR: Robert Eggers  

REPARTO: Anya Tylor-Joy, Ralph Ineson, Kate Dickie, Harvey Scrimshaw 
 GUIÓN: Robert Eggers 
 PAIS: Estados Unidos
 DURACIÓN: 92 
DISTRIBUIDORA: Coproducción
 ESTRENO: 13 de Mayo de 2016


“Todo aspecto que no sea sugerido por las imágenes en movimiento no es fotogénico y
no pertenece al arte cinematográfico”. “La fotogenia puede definirse como cualquier
aspecto de las cosas, de los seres y de almas, que aumenta su calidad moral a través de
la reproducción cinematográfica”. Estas frases, escritas por la pluma del aclamado
teórico y director del cine mudo Jean Esptein representaron una teoría que acabó
convirtiéndose en la meta principal de muchos de los grandes autores de cine mudo
europeo: El de la pureza de la imagen. Si nos alejamos un poco del sentido heideggeriano
del concepto, podremos encontrar todo un ejercicio de reflexión sobre qué es el cine.
Reflexionar sobre la imagen cinematográfica era, para los artistas, tan importante como
filmar las historias. En efecto, su último deseo sería que estas historias emanaran
directamente de la imagen cinematográfica, de la imagen en movimiento. Si la “pureza”
se obtenía, en un primer momento, en la medida en la que eran sustituidas las
habituales técnicas narrativas en la literatura por recursos meramente
cinematográficos, el concepto de Fotogenia (propuesto primero por Louis Delluc y
desarrollado plenamente por Epstein) vino a resaltar la necesidad de eliminar cualquier
elemento narrativo de la imagen cinematográfica.

 Esto conllevó a realizar films que recuperaban gran parte de la tradición artística
europea. Sin embargo, su intención no era filmar escenas similares a cuadros o apuntes
literarios, para el deguste de algunos intelectuales, sino de traducir grandes problemas
que habían tenido una importante presencia en todos los debates estéticos a lo largo de
los siglos: la perspectiva, la iluminación, etc… y entenderlos desde un punto de vista
estrictamente cinematográfico, desde la imagen en movimiento. Por ello, el peso de las
vanguardias históricas fue esencial para entender este periodo del séptimo arte, en
especial por lo que Ortega llamó “deshumanización del arte”, es decir, por la eliminación
del componente mimético de la obra. Este es el caso de uno de los más conocidos (y
polémicos) periodos del cine mudo: El mal llamado expresionismo alemán. En esta etapa
del cine, que los historiadores normalmente sitúan durante el periodo de la república
de Weimar, se desarrollaron, en buena medida, muchos de los conceptos teóricos que
se estaban debatiendo en los cafés de Berlín. Era habitual también que estos artistas
colaboraran de un modo u otro en los films: Alfred Kubin, por ejemplo, fue seleccionado
en un primer momento para llevar a cabo los decorados de El gabinete del doctor
Caligari, pero también en otras películas del momento se acudía a momentos en los que
la imagen tenía un peso mucho mayor, en lugar de simbolizar el lado más banal de las
pasiones humanas, como sucede ahora. Así, Nosferatu nos demostraba como la imagen
en movimiento también podía hacer referencia al desasosiego frente al absoluto como
solo habían podido hacerlo Friedrich o Bocklin. En otros países, la plasticidad de la
imagen también pretendía convertir lo fantasioso en realista, de hacer que las más
oscuras de nuestras pesadillas tuvieran un lugar adecuado en el nuevo arte que a pasos
agigantados estaba creciendo, como es el caso de Vampyr o de la aclamada Häxan.

Nº 37

Abril de 2016

Nota editor.

Estamos asistiendo a un mundo que fácilmente valdría para pasar la vida
escribiéndolo, pensándolo, naciendo en él y naciendo en él un mundo de uno mismo.
Pero, tras la continua derrota frente a la brevedad del tiempo de vida, humanamente finito,
no es posible sino partir de la certeza de que cada actividad representa un coste, o un
empleo –como prefieran-, de tiempo y que según la naturaleza de las cosas muchas de
esas actividades son excluyentes, y, desde esa certeza, tragar de golpe el suspiro y elegir.
Discernir cuáles ganan, cuales continúan la caída sólo única y unívoca en la acción, que
no puede sino suceder en medio del caos y no puede permanecer sino en la memoria.

Por ello, y desde este alto, no puedo sino volver a tratar de iluminar su mirada
hacia nos y decir, sin temor, que estas rasgaduras de tinta en el papel fueron las mejores
de las interminables luchas que suceden en las cabezas y corazones de mis carnales. Por
mucho que alce la voz lo de afuera, uno no es sino altavoz de sí mismo y quizá nuestro
canto represente hoy más al caballo que a su pasto, al jinete que a su sombra.

Pero no teman, alejarse de la realidad no es sino un imposible, pues de qué más
podría estar hecha una cabeza, un camino, un suspiro. Suelo soldado a cada paso, aliento
y vaivén de costilla.

Así gritan las rasgaduras de la vida de los ganadores del treintaysiete campeonato
a destierro de nuestra muy fiel y muy querida revista.

Un poema

Carlos Esteban González

A Vicente Huidobro

No hay más que vida
¿y qué otra cosa puede haber?
No son más que hombres
¿y qué otra cosa pueden ser?

Lo son, lo son, lo son
Lo sé, lo sé, lo sé
….

Poeta, he ahí tu paracaídas, maravilloso como el imán del abismo.

Un mar callado
Una luz roja
Un suspiro acabado
Un acantilado azul
Una nube violeta
Una inhalación rota
Un grano común
Una roca individual
Un corazón esperando
Una escama coloreada
Una estrella ardiendo
Un globo ocular
Un horizonte lejano
Un suelo soportando
Un hombre mirando

Lo son, lo son, lo son
Lo sé, lo sé, lo sé
…

La representación de un mundo en cada segundo en los que sucede la caída.
El inagotable atraer que la ignorancia trae como libertad de una voluntad que
olvida la necesidad del salto.
La simple calma que deja el conocimiento de que el único poder que queda es el
confuso control de la velocidad y el insano tentar de la idea de cruzar el abismo.
Juguetes de una psique que entretiene su tiempo en maravillarse por el mecanismo
de varillas y tela de su paracaídas.
Silencio del que cree sin sentido su viaje desde el vientre de la madre.
Lo son, lo son, lo son lo sé, lo sé, lo sé

El problema de la transparencia

Eduardo Gutiérrez Gutiérrez

En un artículo publicado en el diario El Mundo (08/09/2015) el catedrático en Filosofía
Política Daniel Innerarity introduce el concepto de beatería de la transparencia y... no
sé, me dio que pensar: ¿hay algún peligro en el exceso de transparencia? Yo creo, y no
hago con ello spoiler de las reflexiones aquí argumentadas, que sí. Como dice el propio
Innerarity, es muy posible que un exceso de transparencia provoque "un empobrecimiento
del espacio público". Veamos cómo.

La idea que defiendo en este artículo es la siguiente: El exceso de transparencia en
política es peligroso para la salud democrática en general, y para la salud de nuestro
sistema de gobierno en particular. Los últimos tiempos de la política española vienen
marcados por la exigencia de transparencia en la gestión de lo público; una exigencia que
surge de la protesta popular ante los escándalos de corrupción que salpican por igual a
todos los partidos políticos y que éstos han hecho suya -con ciertas excepciones y vacíos
que no conviene desarrollar ahora-. Los partidos políticos incluyen en sus programas
medidas de transparencia, acaparando este asunto los focos de muchos de los debates
públicos que inundan los medios de comunicación en la actualidad. Pero esta exigencia
de transparencia no debe ser, tal y como creo que está entendiendo la ciudadanía,
absoluta; ni debe tampoco esperarse un informe conciso y detallado de todas y cada una
de las acciones y decisiones que se toman en el gobierno: el Estado debe contar, para
el recto desarrollo de sus asuntos, con una cuota equilibrada de secreto y
transparencia.

Un exceso de transparencia puede derivar, cuando esta idea se convierte en lugar común
de la sociedad -como tantas, tantísimas otras-, en una exigencia ingenua de transparencia:
en prensa rosa, en publicidad de datos innecesarios, superfluos y muchas veces
manipulados que sólo sirven de espesas cortinas de humo con las que aplacar un enfado
cada vez más generalizado y, por suerte para nosotros, organizado. Todo exceso de
información se acaba convirtiendo en desinformación. Para la administración y
gestión de la 'cosa pública' hay que encontrar un equilibrio entre la transparencia y el
secreto; sobre todo cuando entramos en el ámbito de la negociación, donde el secreto se
constituye como táctica. Lo que uno se guarda para sí durante el proceso de negociación
como as en la manga es una forma más de ejercer presión sobre el otro y obtener así, en
la decisión tomada en dicho proceso, una mayor cuota de satisfacción de la preferencia
particular de la que se parte -porque en la negociación, muy al contrario que en la
deliberación, las partes enfrentadas pretenden que su toma de postura, fundada sobre
intereses particulares para el bien común o sobre lo que se considera más óptimo para
éste en función de un enfoque particular, prevalezca sobre la del otro; aunque también sea
posible ceder para formar una decisión 'pseudo-consensuada'. Y por mucho que a los
idealistas modernos les pese la democracia actual tiene más de negociación y mercado
que de deliberación y participación abierta-.

LA BANCA PIERDE

Ollie de Ninfo

La banca pierde (rap).

Previene
Deviene
Desvío cognitivo
Subvierte
Y advierte
Un corriente defensivo (dentro)
Combate
Abate
Acorralado furtivo (dentro)
Divierte
Perderte
Con paso firme y ardiente
Tentando
Marcando
Nueva frontera de vida y muerte
Amaga
Deniega
Apuesta ya dispara (fuera)
Expresa
Sopesa
Momento presente (fuera)

Reposa
Mariposa
Pierde la banca, afloja
(SWIM)
Vida llueve
El dorado de repente
Champagne y ostras
Amamante que no apueste
Rumores de otras costas
Una hucha llena de pestes
El pueblo quiere pesetas
Y no vender su tiempo
(ho)
Caja fuerte
Abrirla y ver serpiente
Confetis y mofas
Con un trueque se presiente
(ha)
El delirio de las cuentas
El final de esa pendiente
La inversión de las cuestas
Y no cargo Yo el muerto

(Kiu)-(ho)
Baja esa pendiente
Del fuerte terrateniente
Del corral de la farruca
Del color de los tacones
De la peineta y de la rueca

(ha)*Demilesdemillonesquedanvueltasinparar
*Demilesdemanosatrapadasentrelosradios
*Deobsesionesdementirasdesclavismoinnecesario
Delmomentodeactuar antesqueacabelciclo


Que llegÓ habitando Era verdadera
En bestialidad y humana fuerza compañera (perro)
Con verdad
Entregar la voz
A las fronteras
NACER

ROBER BOLAÑO O 2666

David Álvarez García

-La impaciencia nos va a matar a todos, pensé. – “Monsieur Pain”, Roberto Bolaño

Hay quien dice que la literatura es el arte dónde se perfecciona la mentira, claro que
también hay quien dice lo contrario. Me parecen, no sé, las típicas frases que diría algún
escritor –seguramente un buen escritor- en una entrevista cuando está deseando que lo
dejen en paz. Las típicas frases, reduccionistas e intuitivas, carentes de sentimiento, a no
ser el deseo, más o menos oculto, según quien, de ganarle una prorroga al tiempo. Hacer
historia, fama y riqueza, bellezas sin límites, plantar un rarísimo y gigantesco árbol en el
inmenso bosque de la literatura (¿universal?). Yo por mi parte no soy muy dado a las
separaciones motivadas por la utilidad, es decir, no soy nada práctico. Quiero decir que,
para mí, en la literatura, tan necesario es ser honesto y sincero, buscar la verdad por
encima de todo, como saber ocultar, mistificar e ironizar sobre cada aspecto de la vida y
de la realidad. Y por suerte, he leído a Roberto Bolaño.

La idea que tengo desde hace unos días es la de hacer un comentario crítico sobre la obra
del escritor R. Bolaño. Sin embargo, tras varios intentos he llegado a la conclusión de que
semejante trabajo requeriría por mi parte un enorme esfuerzo en ser objetivo, además de
un alarde de vanidad del que ahora no me veo demasiado capaz. Así pues, más que un
comentario crítico, en sentido estricto, analítico y mordaz, he oscilado hacia una idea que
me resulta menos pretenciosa: decir algunas cosas que se me han ocurrido leyéndole, con
conciencia de su futilidad y su subjetividad. Primero haré una breve historia de mi
relación con el escritor.

Lo leí por primera vez hace sólo cinco años: mi tío me regaló Los detectives salvajes.
Sería un tanto abusivo hablar sobre mis sensaciones e impresiones tras aquella primera
lectura, así que simplemente diré que me gustó, que me gustó mucho. Recuerdo que quedé
doblemente atrapado: en su ingeniosa estructura literaria y en los callejones de cada
historia, de cada personaje. Y eso es todo lo que recuerdo con claridad, ya apenas me
acuerdo de Belano y Lima, ni del muchacho Madero. Pero bueno, el caso es que tras leerlo
busqué información del autor y me enganché sin demasiada dificultad al mito de Bolaño.
Un escritor puro, un poeta maldito, muerto en la más alta cumbre de su producción
literaria, terrible fumador con grandes gafas que aumentan su mirada de loco, su expresión
de profundo dolor, de hombre solitario, pero familiar y cariñoso. En fin, murió cuando yo
tenía doce años, y aun no sabía nada sobre la maldición que caería sobre mí unos cuantos
años después. Yo, por entonces solo me preocupaba por jugar al tenis y al baloncesto, a
la GameBoy, y por tener a mis padres contentos con mis notas en el colegio. Bueno seguro
que había algo más –mucho más- pero tristemente, no recuerdo nada salvo lo que ya he
dicho. Y mientras yo estaba en esa tesitura inofensiva e inocente Bolaño moría en
Barcelona dejando tras de sí algunos movimientos inteligentes para, como decía arriba,
ganarle una prorroga al tiempo. Están sus hijos que lo recordarán con un profundo amor,
y no es para menos, pues según dicen las leyendas (¿una leyenda en tan solo 14 años?
¿por qué no?) era un gran hombre, un padre atento y cariñoso. Y luego está su obra, su
inmensa obra que abarca tanto novela y cuento, como poesía y ensayo. Sin embargo, no
es un escritor póstumo, ya en vida alcanzó cierto éxito, y pudo vivir bien de la literatura.
Lo suyo le costó, pero leyendo sus novelas, es comprensible que alcanzase el éxito aun
en vida, con esa técnica suya de dar al lector un hilo del que tirar, fácilmente como un
juego infantil, y al mismo tiempo tejiendo con ese mismo hilo un juego, infantil también,
pero no en el sentido de simple o educativo (¿moralizante?), sino profundamente vital,
serio como solo puede serlo un niño que juega (¿dónde demonios he leído esa metáfora?
¿Nietzsche, Cortázar, el propio Bolaño? No recuerdo). Puede ser leído por cualquiera que
disfrute mínimamente de una buena lectura, incluso por algún imbécil, quizá, aunque éste
corre el riesgo de verse sumido en ataques de pánico repentinos e inexplicables. Bueno,
lo cierto es que todo lector de Bolaño aceptaría de buena gana ese riesgo, pues el miedo
que puede acosarle a uno en medio de la lectura es poco menos que un miedo metafísico,
un miedo estrictamente literario. El imbécil sin embargo puede confundir ese miedo con
alguna consideración sobre lo triste y patética que resulta su vida. Pero es momento de
dejar esto de lado.

Yo no he leído todas las obras de Bolaño, aún estoy en ello, y aún me llevará un buen
tiempo (contando, claro, con la relectura), por desgracia tengo que cumplir con otras
obligaciones. Cito por placer, los títulos de las que he leído hasta ahora, en el orden en
que las he leído: Los detectives salvajes, Consejos de un discípulo de Morrison a un
fanático de Joyce, Los perros románticos, 2666, Estrella distante, Los sinsabores del
verdadero policía, El policía de las ratas, 2666 (otra vez) y Monsieur Pain. Sin duda me
quedo con 2666 aunque debería volver a leer Los Detectives Salvajes.

Al viento del deseo

Ernesto Rodríguez Vicente

Aquí no hay
sino ver y desear;
aquí no veo
sino morir con deseo.

Cristóbal de Castillejo

I

El corazón de la paloma
está dentro de la caja de dulces.

Somos los juguetes rotos
olvidados en el colegio abandonado,
los fantasmas de los niños
que jugaron con nosotros
conducen hoy sus frías sonrisas
por la autopista del dolor.

Somos los últimos dulces
que quedaron en la caja
cuando la paloma murió
y fuimos aplastados
por su hermoso corazón,
porque nos juzgamos
demasiado dulces
para quedarnos en la caja.

Y el corazón de la paloma
está dentro de la caja de dulces,
y no puedo esperar
que nadie quiera abrirla
porque es una caja de dulces
y todos esperan que los haya,
pero ha decir verdad
ya no sé si es un corazón
lo que hay dentro
o si al abrirla
habrá más dulces
dispuestos a ser devorados
por el corazón de la paloma.

Una última vez

 U. Rojo (Canto) 

Una última vez más
Los ojos
De orgullo perdido
Llenen el cielo
De un mundo sin historia.

Una última vez
Tengas ojos de opaca profundidad,
Ausentes para guardar silencio,
Y se oiga apenas el saludo del amor
Y la llama del hombre.

Una última vez
Se oiga el dolor milenario
En el torbellino de los muertos que en sueños escondes
Cual Gestos de ausencia en las mejores maniobras,
Todo ello Amalgama de infinitos sitios de infinito.

Una última vez
Más allá, la zona amarga y de la evidencia,
Estropeadas en tu vida,
Angustiándose en dos orillas tras la postrera medianoche,
Cocinen sin probar ni agua los labios de Cancerbero.

Una última vez
Vuelva a llegar la frontera inmortal como presentimiento,
Pues ardua la vida me acaba de decir
Que no se atreve a cerrar la puerta
Una Última vez más

Tren de Sombras.

BATMAN VS SUPERMAN: O LA IMPOSIBILIDAD DE LA FICCIÓN
TRADICIONAL EN EL HOLLYWOOD ACTUA

Dirección: Zack Snyder
Reparto: Ben Affleck, Henry Cavill
Guion: David S. Goyer, Chris Terrio
País: EEUU
Distribuidora: Warner Bros
Fecha de estreno: 23 de marzo, 2016.
R. Roig Herrero

Lo primero de todo, pedir perdón a los lectores que al ver el título hayan decidido abandonar la
suscripción a la revista. No se trata de hacer una crítica a la película que, al parecer, ha batido
todo tipo de récord económico, sino de ver qué factores han llevado a que se haga un film como
Batman vs Superman: el amanecer de la justicia. La segunda cuestión es por qué que cientos de
miles de personas –que, por lo que se ve, nos gusta tirar el dinero- “disfrutemos” de ella sin
pensárnoslo dos veces. Y, la última cuestión, si existe algún tipo de relación entre este fenómeno
y algo que tenga que ver con la estética del cine.

Echemos un poco la vista atrás y recordemos algunos títulos que nos lleven a pensar qué ha
ocurrido en el mundo de la industria cultural cinematográfica, que no en el Cine con mayúsculas,
que nos lleva a afirmar que Hollywood no es exactamente igual a hace unos pocos años. Por
supuesto, el triunfo del bando norteamericano en la guerra fría conllevó a crear una industria muy
eficiente, con la que mi generación se ha criado. Pensemos en esas maravillosas obras de Robin
Williams, llenas de dulzura, de emoción; realmente caían lágrimas de nuestros ojos al verlas.
Pero, por suerte o por desgracia, el mundo cambió mucho desde los últimos 90 hasta ahora: el
11-S, una de las mayores crisis conocidas por el capitalismo occidental, terrorismo a escala
global… Desde luego, no es el mundo que auguraban las películas de ficción de Steven Spielberg.
El cine siempre había contribuido a crear grandes mitos. Qué coño, ¡El cine como industria
cultural, casi había sustituido a Homero, creando nuevos mitos que funcionaban como luces en la
noche de toda una sociedad, americana primero, y, prácticamente mundial después! Una de las
críticas más “platónicas” al cine había sido que estas proyecciones funcionaban como
distracciones, evasiones de una vida diaria. Pero quizá no fuera «evasión» la palabra que mejor
definiera la actitud de los espectadores ante las pantallas. Al fin y al cabo, había una identificación
tremenda con lo que era mostrado y los espectadores, no un distanciamiento evasivo, ni siquiera
en las comedias.

No, no era evasión. Quizá la palabra más adecuada para la relación entre películas-espectadores
era esperanza. Viéndonos en esos personajes, podíamos creer que lograríamos ser mejores
personas. No era un simple consuelo propio de una prostitución de los sentimientos, de las lloreras
de una ética convertida mediante triquiñuelas simpáticas en estética, sino de transformar todo un
código de conducta. En definitiva, citando a Benjamin, se hizo una estatización de la política, con
todas las consecuencias que esto implica. Esto fue mucho más allá de la mera reproducción de
patrones previos en la literatura u otras artes, sino que se trataba de llevar a cabo, mediante la supremacía del discurso de la imagen, toda una retahíla de dioses y hombres que, asentados en el
olimpo de las sagradas colinas de Los Ángeles -Olimpo que ha sido testigo de historias trágicas
que, en muchas ocasiones, lo han convertido en Infierno-, insuflaban en nuestras conciencias
halos de verdad y esperanza que parecían no tener parangón en ningún otro momento de la historia
del arte.