Agosto de 2015
Nota editor.
del todo culpa suya, sino que se debe a que como para nosotros, las personas, lo más
importante son las personas –ya sean las nuestras, las otras, nosotros mismos, etc- esta
importancia las hace tener un lugar privilegiado en nuestra atención, lo que las hace
aptas para erguirse como lo más molesto para otra persona.
Pero no hemos de temer por esta revelación mal alguno, no es algo con lo que no se
pueda lidiar; ya lo saben. Cuantas veces han descubierto con vergüenza en su infancia
que su abuela o su tío tenían razón y aquella persona que más les molestaba se convirtió
en aquella persona con la que buscaban estar a solas.
La gente molesta cuando no es afín a nuestros fines, cuando los interrumpen o los
imposibilitan. Esto se conoce como interferencia. Hay quienes se encargan del asunto
de la interferencia con pipas y cajas de pino, otros con sólo el miedo que estos primeros
producen, otros son amables y malvados, otros ponen un estado de derecho entre
medias, o un buen bate, un buen ejército, etc. Visto así, la historia de la humanidad se
puede hilar con quién interfirió en la vida de quién, pero no va a ser la historia tan fácil.
No dejen que las interferencias de la vida se traduzcan en interferencias propias –de su
vida a su vida- de esas que te siguen hasta cuando estás dormido.
Treinta ya, nada más que la edad en la que Zatu se empezó a cansar. Nosotros no. A vivir
y gritar.

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