La primavera avanza
sobre campos de algodón,
arrastra como un río
la bella forma del dolor,
las insomnes lágrimas
que el deseo recoge
con sus terribles manos
en la desierta orilla.
La primavera avanza
mas un cuerpo arrogante
detiene el afán sempiterno,
la cruda forma del amor;
sangran las flores
abiertas de placer al misterio
y el deseo bebe de esa sangre,
el deseo siempre egoísta…
Aún la primavera avanza
dejando tras de sí
el negro rostro del olvido:
hermoso porque no desea,
porque solo del tiempo ansía
la justa forma del recuerdo.
Mi pequeño muñeco.
Si mi pequeño muñeco
tuviera el mundo para sí,
si no estuviera buscando
el botón que le falta,
si mi pequeño muñeco
llevara una maleta
donde guardar sus partes,
si aprendiera a coser
sus propias roturas,
si mi pequeño muñeco
se olvidara de mí,
si hoy me dijera
que no necesita a nadie,
si mi pequeño muñeco
pudiera convencerme
de lo que le hace grande,
yo le daría mi vida
aunque él quisiera
abandonarme.
..^..
Ellos tenían las cabezas quebradas
Con el filo de las calles desconocidas
Cercadas por el sueño interminable
Ellos tenían los ojos pintados
De un blanco casi muerto
Que ocultaba el negro vivo
Ellos pensaban con largas sombras
En galerías solitarias de cuadros inacabados
Donde el olvido era más que una apariencia
Ellos besaban la viuda arena del desierto
Las olas de un mar que cubre la tierra
El rostro de un dios que antes fue hombre
Ellos tenían las cabezas quebradas
Con el filo de las calles desconocidas
Cercadas por un sueño inacabado
..^..
No, no tiene sentido
ni el mar, ni la sombra,
ni la suerte, ni el destino.
No, no tienen sentido
ni las voces, ni las horas,
ni siquiera los motivos.
No, no tiene sentido
ni el peso, ni la forma,
ni el coraje, ni el abrigo.
No, no tiene sentido,
ni vive, ni espera,
ni cesa, ni desea,
ni tan siquiera es,
ni tampoco está
perdido.
Ernesto Rodríguez Vicente
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