Supongo que la gran mayoría de ustedes, si es que se llegan a encontrar conmigo,
puedan llegar a coincidir en que vivimos un momento histórico en nuestro país, al
menos, en lo que a política se refiere. Fíjense lo que da de sí una democracia, a su corta
edad, tan solo 37 años, y la de cosas que ya han pasado. Por supuesto, le ha dado tiempo
a estancarse, a poner en duda su sistema de representación e incluso a que sus hijos
maduraran despacio y se volvieran contra ella. 4 años hace ya del famoso 15 M, de Sol,
de Fuente Dorada y de todas las plazas, calles y corazones españoles que se sentían
fielmente indignados. ¡Qué palabra! Qué viveza de acción política y que muerte social
por otra parte; España parece un país de conscientes, inconscientes e indolentes. Y
ahora, inmersos en el más puro sentido publicitario de la propia política -sí, hombre y
mujer, o acaso a un continente vacío que se vende por su forma no podemos llamarlo
publicidad, o, al menos, ideología-, nos toca demostrar hasta qué punto somos
ilustrados, hasta qué punto queremos autodeterminarnos.
No les descubro nada, el 24 votan a su localidad y a su comunidad y en noviembre, si el
gobierno quiere, como tarde en diciembre, al gobierno de su nación. Qué convulso,
cuánta variedad. Se rompe el bipartidismo, toma la universidad la palabra, se extrapola
la frontera del nacionalismo, se renuevan la izquierda y la derecha; incluso el centro.
Miren, me apetece que esta revista se una un poco al tren de la historia política,
déjenme, qué menos, nombrar a estos grandes partidos que en nada se pegan: Partido
Popular, Partido Socialista Obrero Español, Izquierda Unida, Ciudadanos, Podemos,
Unión Progreso y Democracia. Son muchos más, no lo niego, pero tampoco hagamos
alardes, sólo recordar que ellos ante el voto poco pueden ya hacer, lo que realmente
ocurrirá tras las urnas es el sentido que los españoles decidan de su propio futuro
político, del devenir de su sociedad. Sean conscientes, sean consecuentes, voten por
ustedes. Veintisiete ya, mare, que no falte de na. Así, de vivir, nos ven ustedes gritar.

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