I
Cuando el dolor se opone
frente a frente, cara a cara,
y tus labios se desangran,
y tus ojos dicen nada.
Cuando la carne se ablanda,
y tu alma se abre y se cierne,
y tu corazón se llena
de gente.
Cuando el sueño se disipa,
sobre mares, bajo puentes,
y tú ahogas agua y asientes,
y tú ansías aire y entiendes.
Cuando siempre es como siempre
y tú ya no eres el mismo,
y quieres ser diferente.
Cuando todo empieza ahora
y tú ignoras el presente.
II
Su rostro era un engaño,
tenía los ojos de cocodrilo,
los dientes de leche,
las orejas de un perro
y el mundo en la frente.
Su rostro era un engaño
mas no sería para siempre.
III
Él tenía una idea,
una inmensa idea,
Cristo se elevaba
sobre la idea de sí mismo.
Él sabía lo que hacía,
su idea era necesaria
para él, para los demás;
confiaba en su forma,
expandía su contenido.
Pero la idea era como un hombre
pequeño, terco y violento,
y se levantaron cruces,
templos, muros y esqueletos
que al hombre encerraron en su cuerpo.
Y él sabía lo que hacía,
su idea era necesaria
para él, para los demás;
pero la idea era humo,
bruma llena de sangre,
ira en la piel de Venus,
oro en la mano de Dante,
miedo en los ojos de un ciego,
muerte al hombre pensante.
IV
Jardín donde habita el ánimo,
donde duerme la locura,
donde los peces cantan,
donde las aves lloran,
donde flores de papel
se ahogan bajo la lluvia,
donde la tierra es gris
y las sombras andan,
donde el tiempo perdido
no sabe a nada.
V
Marchitos cuerpos en vela,
lívidas manos abiertas,
caricia de carne seca,
abrazo que el polvo entierra,
sueño de hoy, sueño sin tregua,
sequías que se repiten,
lluvias que agotan la espera,
quien el llanto se permite
busca en el sol su nevera.
VI
Recuerdo de un día cualquiera,
de un intenso momento,
de un suicidio continuo
más allá del tiempo.
Recuerdo del beso que despierta,
del viento que regresa,
de aquellas tardes
tendidas a la orilla.
Recuerdo del peso que sujeta
la forma que se escapa,
del sueño que libera
la sed de beber nada.
Recuerdo de un recuerdo,
recuerdo sin palabras,
luz de un mar ardiendo
que se hiela de nostalgia.
VII
Algunas almas se desprenden
como lava entre montañas,
algunas almas se pierden
y se encuentran en el alba,
algunas almas se mecen,
se acomodan en sus casas,
algunas almas se entretienen
buscando un dios bajo sus alas,
algunas almas te retienen,
otras te dejan y otras se callan
pero todas se defienden,
se sublevan o, al menos,
se desarman.
Ernesto Rodríguez Vicente
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