Cajón de Sastre #4

- El gigante –

Apoderado de la improvisación,
hacedor de caos,
oscuridad en el nido
de serpientes, simiente
de genialidad, de muerte,
de cambio. Radical
novedad vital, formado
en el último golpe
de aliento antes del
pulso final
que la crónica
anunciaba.

Gran sangrador de calles,
poseedor omnipresente
de quienes, luz
al final del negro,
cruzado por el blanco,
vacío mayestático,
dador de realidades,
súbdito de sí mismo.

Posibilidad inconmensurable
que dejan de soportar tus hombros,
-se diluye tu identidad y la mía-
ocupando mi yo los ojos que tú no abrías.

- Caída combada

Humilde mortal a los pies
del coloso. Gigante trascendental
que con la fuerza de cien mares
arranca de la tierra sus pasos
y ya nada pasa.

No es un salto, es caer a la inversa,
es saberse creador de realidades,
tener la gravedad rea,
no es sólo caminar
es surcar columnas vertebrales.

Reflexión incompleta que amaga
el círculo, rol incesante del
caer de los segundos que busca
el doble camino, con Futuro
y Pasado ahora unidos.

Humilde señor de su vida
que el todo inunda
sin fecundar un tiempo que escapa,
un espacio que abraza;
devenir de un respirar vacío de manada.





- Traducción radical

Como hablarle a un perro,
tratar de olvidar el propio lenguaje,
porque de seguro es inútil,
e imaginar cuál es el suyo,
evitando la mezcla imperfecta,
creando a partir de los rasgos
que la imitación deja.

Vivir hundido en los supuestos,
ya que no queda certeza
a la que aferrarse por segura
sin llegar nunca a confirmar
en el reflejo del sonriente peludo.

No es tan grande la duda
si cuesta mantenerse dentro,
ahora ocupando la realidad
con el darse del ingenio;
ingente cantidad de posibilidades
que se llaman yo
y se sientan donde yo me siento.

- De tu leer -

Son ahora tus ojos prestados,
blanco telón que deja que
le usurpes su vacío suelo
llenando la habitación
de tus nuevos y tus viejos.

Son ecos en una cabeza ya ocupada,
gritos del nacimiento de una idea
desnudada, vístela si te acoge,
en tu mano queda parada.

Pasos que los dedos siguen
y los puentes trazan, camina
cruzando el abismo entre tu luz
y mi huérfana palabra.

Coroneles sin quien les siga,
miles de legionarios agarrando
cada esquina, no es mi voz la que te 
                                             -lleva,
es el renacer que tu corazón crea.

No es un adiós, es un continuar
hacia la memoria, sin lenguaje
que la lógica aprese, sin sentido
que de ti a ti no llegue.



Carlos Esteban González

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