ENERO de 2015
Nota del editor.
¡Hay que ver qué mes Enero! Porque otra vez es Enero. Si les aconsejábamos que se
colmasen, aunque fuera de frío, no me cabe duda de que nos tomaron la mano y la calle
a ustedes el golpear repetido de los dientes, el agua que recorre el labio desde la nariz
de perro y el escalofrío frenético de un cuerpo que maldice que sea otra vez Enero.
Pero no sufran, el calor está en casa. Por suerte, las paredes no evitan el congelamiento,
si los brazos, las sonrisas, los pechos. En ellos deben refugiarse, no hay mayor
enfermedad que la de la autosuficiencia autoinflingida. No me malinterpreten, han
tenido bastante hipocresía en esta publicidad que nos rodea, que se disfraza de política
y se acerca haciéndose llamar naturaleza. Lo que les digo, ahora y siempre, es que ser
uno es maravilloso, pero olvidarse de que hay otros y que estos suelen amarnos es muy
peligroso. Los sentimientos morales no sólo sirven para que uno se apene ante la imagen
de un toro ensangrentado, o un niño cubierto de moscas, o de un vagabundo bajo un
cartel de ya es navidad del almacén del triángulo verde.
Cojan ese corazón que tienen y úsenlo para quererse, luego miren a ambos lados y
recuerden, ellos también comparten con usted eso de ser humano, así que, sin ninguna
duda, con ellos también pueden jugar a reconocerse.
Un saludo, un abrazo, y mil océanos de tinta. Veintitrés ya, que no deje de gritar que de
vivir ya nos da la vida.
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