Depurar y educar.

Dos son los problemas que encuentro, haciendo un análisis crítico de nuestra sociedad,
que han provocado la insostenible situación por la que atraviesa la política en la
actualidad. Seguro que, tomando como objeto de estudio y reflexión un contexto histórico
y social más amplio, estos problemas se multiplicarían; pero quiero centrarme
especialmente en estos dos que presento a continuación.

De un lado, la fuerte tensión que existe entre los diferentes partidos políticos, sobre todo
entre pepé y pesoe. Entre la derecha y la izquierda en general. Ésta confrontación llega
hasta tal punto que se puede hablar de diferentes bandos, más allá de los bandos
republicano y conservador. Ésta lucha es actual, desgraciadamente demasiado actual. Es
más, la rivalidad entre pepé y pesoe está cerca de convertirse en historia viva de la
sociedad española, tanto horror ha provocado. Hasta tal punto sus posiciones se alejan la
una de la otra que el vacío que entre ellas hay se está convirtiendo en un agujero negro
por donde el pueblo, incapaz de luchar contra su expansión (es más, el mismo pueblo es
quien alimenta su hambre atroz), cae estrepitosamente. Y con él todos sus derechos,
deberes y libertades.

Las diferencias entre partidos van más allá de sus diferentes ideologías, llegando a ser
incluso obsesiva. Se analiza el trabajo del otro y se le busca pegas, sin tratar de aprovechar
los puntos fuertes de éste mandato, aunque coincidan con la ideología propia. La
oposición critica la acción del partido que está en el poder aunque ellos mismos hayan
impuesto ésa ley, hayan tomado ésa decisión, hayan cambiado ése plan administrativo...
anteriormente. Se busca la humillación y escarnio público del rival a toda costa, por
encima de las necesidades del pueblo. La política se pierde en discusiones banales de las
que no resulta construcción social alguna; estamos ante el terrible problema de la pérdida
de cohesión social provocada por los enfrentamientos personales entre los diferentes
partidos y por la pérdida de interés político de los ciudadanos, ante la catastrófica
pantomima en que se ha convertido la vida política del país. La discusión se ha
distorsionado tanto conforme a intereses privados que ha perdido su fuerza política.
Éste terrible bipartidismo tan de moda últimamente es el resultado de una política
anticuada y de una raza política ideologizada hasta los huesos, que busca antes su propio
beneficio que el beneficio social. El concepto de casta que han acuñado los militantes de
Podemos, pese a que debe aclararse que no se extiende sobre toda la militancia de pepé y
pesoe, sí que acierta al señalar a aquellos farsantes e hipócritas disfrazados de corderos
que durante su período de ocupación de cargos públicos privatizaron empresas a las que
después de su actividad política, mire usted qué casualidad, entraron a formar parte en
título de consejeros o asesores. Ésa es la verdadera casta, no dejemos que nos confundan.
Lo único que genera ésta confrontación, sigo con el primer problema, es que el pueblo se
encuentre cada vez más solo, más incapaz, más pobre y más desprotegido ante las fuerzas
del poderoso mercado capitalista, que mueve los hilos en ambos bandos.

Y por otro lado hay que destacar y señalar la falta de vocación política de nuestros
políticos como causa principal de la crisis política que atraviesa nuestro país (y toda
Europa en general). La raza de los grandes políticos se ha terminado, si llegó alguna vez
a fraguarse. No nos queda más que la mísera ceniza tecnócrata que trata sin éxito de
renacer, una y otra vez. Hay que educar nuevos políticos. Políticos del pensamiento y de
la acción; intelectuales verdaderamente comprometidos con la acción política, no sólo
con la construcción y reflexión de ideas.



En medio de ambos, es decir, en los extremos, haciendo de estos problemas uno grande
y eterno, los medios de comunicación, tan manipulados. Llegó un momento en que la
libertad de información dejó de ser reclamada, pues ya se tenía. Ahora presumimos de ser
un país que permite la libertad de información, ¡pero a qué precio! Al precio de una
información manipulada, mediocre y soporífera. No se nos informa, se nos duerme. No
se nos da la verdad, se nos escupen las mentiras disfrazadas. No se nos educa, se nos
amansa. ¿Cómo es posible que los medios de comunicación estén privatizados?, ¿cómo
es posible que la población se crea todo aquello que una empresa privada de información
le cuenta?, ¿acaso no nos damos cuenta de que los beneficios de toda empresa privada
son beneficios económicos y hacia la obtención de estos se orienta la actividad de la
empresa? No quiero con esto criticar a los muchos periodistas capaces que hay en nuestro
país y que día a día luchan por contar la realidad tal cual es, desnuda de interpretaciones
egoístas y personales.

La solución a ambos problemas está, o creo que está, en la educación política del pueblo;
que las generaciones que ahora nacen crezcan entendiendo que ésta tensión no garantiza
el bien del país y traten de detener su casi imparable progreso. Hay que educar políticos
honrados y comprometidos con la causa común. Políticos con verdadera vocación
política. Ciudadanos libres que asuman responsabilidad política. Con una sociedad de
ciudadanos libres y políticos intelectuales de los de verdad, la libertad de pensamiento y
expresión irá de la mano de la libertad de información, dando como resultado unos medios
de comunicación, una calidad de información, a la altura de una sociedad excelente. Podrá
construirse una sociedad libre, una sana democracia de discusión razonada y pluralidad
de opiniones. Una sociedad sin opresión, sin abusos de poder, sin dogmas, sin verdades
manipuladas.

Al hilo de éste tema y para darle por zanjado quiero reflexionar acerca de un párrafo que
Comte escribe al final del primer punto (Impotencia de las escuelas actuales) del primer
capítulo (Organización de la revolución) de la primera parte (Superioridad mental del
espíritu positivo) de su obra Discurso sobre el espíritu positivo. Siento mucho, lector,
bombardearte con tantos títulos y no transcribirte el párrafo original, pero dado que voy
a tratar de darte una explicación lo más precisa posible del mismo, no lo he creído
conveniente. Además los títulos, aunque frases sueltas que puedan dar pie a errores de
interpretación, me resultan muy sugerentes para el tema que aquí tratamos de la necesidad
de regeneración política y ciudadana; por eso dejo a tu libre voluntad la interpretación de
los mismos.

Lo que en éste párrafo nos viene a decir Comte es que en el caos moral e intelectual de la
época (1844, y 2014 también, por eso viene a cuento) el orden material, social, corre un
grave peligro, debido al inicio de fragmentación de la sociedad; el hombre ya no tiene
nada, ningún ideal, ningún valor, donde agarrarse, lo que le obliga a crearse sus propios
ideales y sus propios valores y a exhibirlos por bandera frente a los otros, provocando la
atomización de la sociedad. Los partidos políticos, ocupados en la difícil tarea de la
restauración o mejor conservación (ante la falta de una base intelectual se opta por la no
acción, por la acción por sujeción; mantenerse en el actual estado de cosas y no esperar
nada nuevo, por miedo a una anarquía) del orden social, material, apenas son capaces de
ocuparse del caos moral. De ésta incapacidad y de las vanas luchas personales, cada vez
más mezquinas que la restauración del orden material provoca se siguen la indignación e
indiferencia sociales. Ante el rechazo por parte de los políticos a construir un nuevo orden
moral e intelectual, deben ser los sabios, los intelectuales, quienes asuman el trabajo de
construcción. Y para ello es necesaria una nueva base intelectual que penetre en todos los
estratos de la sociedad, para que la indignación, los pequeños fuegos aislados que rápido
se apagan, ardan todos juntos en revolución, pero una revolución organizada, bajo un
conocimiento filosófico. No hay, para Comte, progreso sin orden; desarrollo social sin
cohesión social.

¿Dónde reside la fuerza práctica del esfuerzo teórico que en ésta nueva época los
intelectuales asumirán? En la nueva educación, en la renovación de las universidades y
las escuelas. Los modelos de educación se pueden cambiar, pueden orientarse a la
formación de hombres libres y excelentes dentro del marco de una sociedad cohesionada
y también libre. Pero para que el poder político acceda a éste cambio del paradigma
educativo hay que sacar de él todo interés privado que es, en último término, un interés
económico.

He aquí la gran paradoja de la realidad política de nuestra era: para educar y libertar a la
sociedad de la tiranía opresora de su clase política-económica (¿no hablamos acaso de los
mismos canallas?) se requiere de verdadera vocación política, de políticos honrados y
comprometidos con el bien común; y para que ésta raza de políticos consiga llegar al
poder hay que educar y educarles en el civismo y en la libertad. Cambiar el paradigma
educativo para renovar las instituciones políticas requiere de una renovación previa de las
instituciones políticas que resulta imposible sin un nuevo modelo de educación; ¡ay,
cuánto dolor!

Es, en el fondo, una sola necesidad: la de renovación social y política, que irán de la mano.

Eduardo Gutiérrez Gutiérrez

No hay comentarios:

Publicar un comentario