Ella es tierna
hasta con su pelo alborotado.
Su color y su calor
se mezclan al compás de la guitarra
que brilla con su voz.
Blancura cuando se va tras la puerta
dorada cuando ríe.
Crece, pues es una planta sin freno;
crece, pues sólo basta con tu risa
para su sustento.
I
Los rostros visten de colores;
sus cuerpos,
vertidos en la calle,
arriba
y abajo,
mostrando sus telares
en busca de quitar
o agarrar
un peso de encima.
Llueven las gentes
en la gran calle.
Nadie se para
a dar amor a la niña
que vende cigarros
en la plaza principal,
donde se ven las heridas.
Y en el fondo
de esta gran inmensidad
Ella, Natura,
dando gala a la ciudad.
Ilusos de aquellos
que deseen colonizar.
¡Zapata vive!
que la lucha sea himno
de pájaros
pues el águila nunca
ha de entorpecer su vuelo.
II
Cuando caiga la noche
y sobrevuele con mi escoba
este paraje de niebla y frío
me acordare por un momento
de las nanas que me susurrabas al oído.
Caerán, al igual que yo,
en esta espesura
donde lo único que deseo encontrar
es mi corazón rugiendo
la palabra libertad.
Andrea Villar Lamas
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