Mi cuerpo atiende las formas que tiempo
trae, ahora recogido, en otoño.
Educo mi mente y las mentes
y no cejaré en explorar la senda oculta
que se abre aquí, en mi pecho, cuando doy mi color al mundo
que es mi espejo.
Grito al espacio dormido
y muestro mis dientes al hombre cómodo
y me como su olvido
y a su tristeza le doy alas con la música.
Canto.
Festejo la vida cuando al tempo, otros festejan la muerte
Canto.
Festejo con mis semejantes los movimientos del espíritu de la tierra.
Mi cabeza tiende a elevarse
y mis piernas a ser uno con el suelo fértil,
y en la turba horrible
soy solo un núcleo de vida que sobrevive.
Madre se que me acompañas cierta
y por eso miraré así al futuro,
venga lo que venga.
Mis riquezas serán solo las necesarias
y construiré con mis manos la casa
donde cuidaré a los míos,
y a quién pida, con sus ojos el calor.
Desde el presente, todo es digno
solo el sentir es lo que me mueve
y la tea del universo sigue encendida
y nos espera lejos
así que, anda, niño anda.
Coge tu piedra y llévatela por los mercados rotos
donde no recibe nadie la luz azul y gris.
Allí en la plaza abarrotada que lanza
una última plegaria,
todos comieron bien e iniciaron
la espera soberana.
Rompe a la huida el pueblo,
a lo lejano de lo que no es,
de lo que ha llegado
a no ser.
Ya es el momento niño
ya es el sabor de la noche
ya puedes correr a tirar tu piedra.
Ya, en la tarde se acaba la comida
ya, se despide la duda en el horizonte.
Ya, viene el frío a la mente y el calor a corazón
Cientos se liberan, descargados.
Y el niño llega solo, en blanco
y lanza su piedra contra un gran betilo abstracto:
y es feliz.
Calle arriba los puestos
que aún quedan en pie,
no esconden nada,
y las esquinas descansan
vacías de diablos.
La luna nueva
da impulso a las nuevas etapas.
La casa todavía está caliente,
como a la vuelta de los recados.
Acurrucado frente a la hoguera
soñó que su piedra siempre resonaba
junto a las otras.
Ollie de Ninfo
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