DECIMOSÉPTIMO NÚMERO


JULIO DE 2014



Nota del editor.

Puede ser que lo que te haga levantar la persiana sea la obligación, el deseo o incluso el hastío precioso de quien ama en el anonimato a su cama todo el año y ahora prolonga esos momentos de reconciliación hasta que su cuerpo entero le expulsa de ella. Sea por lo que sea todos nosotros acabamos enfrentándonos a este sol que nos regala el verano, los colores son reclamados de quien los viste por quien los mira, todo se inflama cediendo el peso de sus presiones a la gravedad, cada uno encuentra su ritmo y lo abraza, sin importar que sea sudando o boqueando.

La calle arde y te llama y aleja por igual, ahora ahí fuera bailan miles de voces, los gritos de todos nosotros se funden con los de los niños y sus ancianos, mientras, los adultos recuerdan. Pero estos recuerdos son mentira y el calor bien lo sabe, las ensoñaciones acaban, los relojes se tornan en esferas vacías, lo único que se derrama es la vida. Bienvenidos a Julio, mis hermanos y hermanas.
Diecisiete ya, y como dice Paquito, todavía no duele.

Así Vivimos y Así Gritamos.

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