¿Alguna vez habéis divisado la claridad entre lo remoto?
¿Alguna vez habéis deshojado con vuestros ojos la leve flor de la plenitud?
¿Habéis, acaso, notado el frágil aroma que atempera los sentidos?
¿Sabéis de ese albor repentino acorralado en la profundidad del tiempo?
¿Alguna vez habéis colmado de hirientes voces vuestro silencio?
Con distintas pieles interpretáis siempre la misma comedia,
lloráis un drama que cada noche convertís en tragedia.
Soñar es solo un paso hacia el vacío que os conforma
y os conformáis con vaciar vuestros sueños de sombras,
¿alguna vez habéis impregnado vuestra alma de incógnitas?
No conocéis más del fuego que su funesta cólera
y escapáis del valeroso truhán que vigila vuestros miedos.
Sois, ante el horizonte, puntos dispersos sobre la tierra
y aturdidas figuras bajo el infinito esplendor del cielo,
¿podréis, alguna vez, deambular en la ebriedad del misterio?
¿Podréis, tan solo, sondear más allá de la humedad de vuestros huesos?
Ernesto Rodríguez Vicente
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