Siento lejos la muerte
por eso este discurso.
Miro y paro,
aliento en la profundidad
acucia el estertor de ver
supervivientes ante la porosidad,
adicta de sed amoratada.
Duermo hasta el anochecer
el diario cuela su caldo rutinario,
empapado de la hiel.
Abro las palmas, ciudad
de crines rapadas
de pudor y alambradas.
Así pasan los tiempos.
Y no tembléis
dad las gracias en silencio.
Continuad andando por entre la superficie y el centro,
yo lo llamo infierno. Atestado
de gente en busca de saldo.
De visiones, que aturullan al animal
de falsa forma.
De alguna toyaca manera de hacernos respirar metal.
En el paso y sigo enraizado
con el contrario, elemento hermano.
Avanzo y me dejo llevar
presto, donde cabe un frescor,
una fuente, un cielo amado,
por el fragor, de una tarde entera
bailando, gritando y llorando.
Sí,
aun viendo caer aviones
en torres ingentes.
Para siempre,
aun humillados paredones
con el ruido de fusiles ardientes.
Sí, para siempre,
lucha contenida dentro de la propia vida
lucha contenida.
Hablando corrientemente
saludando, queriendo ser presente
amando, sonriendo, calmado
dolce farniente.
Desde siempre,
y esta no es la última vez.
Pero
qué lejano estoy
del anhelo
que lejano me quedo
del placer de la muerte.
Damasco
te has derrumbado,
deflagrada; a indómita turba seca
te veré en esta vida reducida.
A gritos sin despedida
a sombra sostenida
de los que ocultan el Sol
y acaban, su civilización.
Ilumina el Sol
Ilumina la color
de los corazones del final del tiempo.
La revolución ha comenzado
y no queda bicho en la tierra
que no se haya enterado.
Moved el culo hijos de esclavos.
Ollie de Ninfo
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