MAYO DE 2014
Nota del editor.
¿Sabéis qué? Cuando recuerdo cosas que quiero relatar, cosas en pasado, y no consigo recordar con exactitud cuándo ocurrieron, trato de recordar qué temperatura hacía cuando eso me ocurrió. Pues bien, las cosas que me pasaron, ahora, ya las puedo contar como de cuando hacía frío, de cuando llovía... el sol nos vuelve a querer, la luz vuelve a inundar las esquinas. Ahora somos, todos, gigantes muy pequeños, hombres enormes y rocosos que adquieren con esta época un tamaño indeterminado que no les permite encajar en ningún grupo. Demasiado grandes y ostentosos para caber en los bailes humanos y demasiado pequeños y sutiles para poder, si quiera, rozar el corazón de los gigantes; ya no digamos sus inmensos ojos.
Pero este es perfecto, es el momento de concentrarse y estallar. El suelo es más rudo y está más ardiente, el ritmo de la calle está cargado de sexo, de velocidad y de esa crueldad fútil de entre aquellos dos que juegan consigo. Quince ya, así elevemos nuestro lugar hasta el cielo, que de Ícaros está el sentido lleno.


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