Carlos Esteban Gutiérrez
Vamos a comenzar con la definición de moral como un determinado modelo ideal de buena conducta, expresado en un conjunto de reglas, patrones o modelos, que recogen una orientación valorativa, reconocida y aprobada en el seno de un grupo o institución determinada. Pero, al referirnos a ella en al plano social, continuemos hasta la definición de moral social como el conjunto de normas y modelos de conducta vigentes en una sociedad dada, resultado de una tarea continua y espontánea de valoración. Bien, una vez expuesto esto, centremos nuestra atención en que la definición de moral que tenemos ahora, nos presenta el carácter prescriptivo de la misma, ya que este modelo ideal de buena conducta está expresado en un conjunto de normas, lo que quiere decir que cuando hablamos de moral estamos hablando de la parte prescriptiva de eso que hago cuando juzgo, por ejemplo, cualquier acción de cualquier otro y pienso, eso no se debe hacer.
La primera pregunta que me surge es por qué eso, sea lo que sea, no se debe hacer, a lo que el individuo juez podría contestar porque no y darme una respuesta perfectamente válida. Pero para ser sincero debo presentaros la segunda parte de este razonamiento, la libertad. La RAE, en su edición digital, la define como “1. f. Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos.” Ya hablamos el mes anterior de la consecuencia de esta libertad de obra, pero esta vez quiero resaltar el hecho de que el hombre vive, ahora, siempre en sociedad y que esta libertad debe ser, mejor que comprendida como una facultad natural del hombre, comprendida en la relación que establece el individuo con los otros que conforman su entorno, de tal manera que si no existirán otros individuos en el entorno directo del individuo consideraría innecesario hacer consideraciones sobre la libertad. Por ello centrémonos ahora en la libertad negativa que expresó Berlin, un individuo a es libre de realizar b, en la medida en que no exista un individuo c que le impida realizar b.
Como he señalado arriba, este modelo ideal de buena conducta está reconocido y aprobado en el seno del grupo. Y teniendo en cuenta la moral social, este resultado es fruto de un periodo amplio de inserción de este modelo de conducta en las conciencias individuales como bueno, como lo bueno. Esto puede ocurrir a través de la educación, tanto directa, como indirecta, por medio de la propaganda publicitaria, por su extensión como moda... El problema principal que resulta de estos hechos es el carácter prescriptivo de la moral, el cual se junta con el carácter coercitivo del hecho social que constituye la moral. A través de este segundo se da lugar a la expansión social de la estructura ideal que conforma esta moral en el conjunto de las conciencias individuales del grupo y a través de este primero la moral se constituye, ya no como el modelo de juicio moral, en sentido de que este modelo de conducta constituye lo correcto y todo aquello que difiere de ello es tanto, o más incorrecto, cuanto más difiera de él. Creo que a estas alturas ninguno de vosotros está dispuesto a aceptar ningún valor como absoluto, como acostumbraba hacer nuestra tradición clásica de filosofía, y a aceptar sin reservas el principio de falibilidad de todas las preposiciones de los hombres. Por todo ello, me gustaría hacer notar que la moral constituye un elemento de fuerte coacción social, negando una serie de conductas, en beneficio de otras, reprimiendo modos de conducta espontáneos. No digo que tiremos las leyes realizadas a partir de la moral vigente, pero me gustaría que cada uno de nosotros tratara de analizar los valores con los que comulga y comprender cuáles de ellos son asimilados o impuestos exteriormente y cuales son creaciones o asimilaciones interiores, para reafirmar la frase esta de “quien no se mueve no siente sus cadenas”. Deberíamos reflexionar sobre la consideración nietzscheana de que no existen hechos morales, sólo hechos que se juzgan moralmente de forma subjetiva.
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