esquinas torcidas,
imágenes confusas,
onduladas cabinas,
fantasmas y musas
de vivos colores
que vagan buscando
la luz de las flores.
Distorsionados objetos,
retorcidas figuras,
bosques de espejos
reflejan la pálida luna
que ilumina la noche
embriagada y desnuda.
Laberintos de sueños,
tenebrosas visiones
que rondan mi mente,
extravagantes desiertos,
atormentados sentidos
que incontrolables se sienten.
Mundos dormidos,
escaleras infinitas
que invisibles ascienden
desordenando las leyes
del hombre sencillo;
escalón a escalón
van cayendo malditos
al espeso vacío
que ahoga sus gritos.
Serpientes nocturnas
enredan mis alas,
absorben mis dudas,
calientan mi alma
con lenguas de fuego
y, suaves, me ocultan
en la chispa de un sueño,
fuera de todo aquello
que de rojo nos tiñe
cuando estamos despiertos.
A veces creo vivir en un sueño dentro de mi propia mente
como un papel en blanco escrito en letra transparente.
Ernesto Rodríguez Vicente

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