Ponte un título.

Vivimos según nos cuentan y la Constitución determina, en un estado democrático.
No siendo experta en el tema, voy a pasar a definir algunos aspectos del sistema político liberal y de participación democrática:

El sistema político liberal rechaza la participación ciudadana por considerarla negativa. Este sistema se encuentra en contraposición del sistema democrático, pues éste considera la teoría política democrática como participativa, pues es esencial para la sociedad y su toma de decisiones.

La teoría liberal defiende, por tanto, que el hombre es un ser individualista preocupado de su ombligo, cuyo único espacio de participación son las elecciones (útiles y eficaces, ya que a través de ellas valoran a aquellas personas que van a dirigir su vida y a la sociedad entera, y eligen a quien garantiza mejor sus intereses).

Estas personas elegidas son técnicos, si, técnicos. La política es muy complicada y si no poseen personas cualificadas en las materias de gobierno sería un caos.

Los ciudadanos no deben preocuparse ni ocuparse de lo colectivo, si no de sus asuntos privados: Su casa, su trabajo, su televisión y su coche. De vez en cuando tener un periodo vacacional. Los jubilados/as disfrutar del magnífico programa “Entre Todos”, y pasar el invierno en Benidrom, bailando los pajaritos con María Jesús y su acordeón.

Coño, pues ni tan mal.

Eso si, el sistema liberal promueve el voluntariado conducido a prestar servicios de carácter asistencial. Lo potencian, pues es ahí donde el sistema tiene grietas. La caridad nos congratula, nos hace felices. Participación hacia el ciudadano/a, pues papá estado ha de delegar en los ciudadanos algunas tareas para hacerte creer, inocente habitante de pequeña o gran ciudad, que sirves para algo.
Ojo con suplir la actividad profesional con la actividad del voluntario. Pero eso nos da igual, nos llena de bienestar ayudar al prójimo. Ya lo decía Jesucristo.
Esa, si hombre, La parábola del buen Samaritano.

Os va sonando, ¿no?

Para papá estado liberal, la democracia tiene estos problemas:

  • La participación aumenta la lentitud para tomar decisiones
  • La participación es más costosa en cuanto a tiempo y recursos
  • La participación no incorpora valor añadido a la decisión, es decir, para que una decisión sea eficaz creen que si nos dejan participar a los ciudadanos – ignorantes por definición, no implica ni añade nada porque no sabemos del tema. Sólo los técnicos expertos. Llamémoslo tecnócratas cuando Paco vivía, pero el ejemplo no lo tenemos muy lejos. Os va sonando, ¿no?
  • La participación genera particularismos. La idea individualista se expande como un cáncer y no nos pondremos de acuerdo. Dejadlo en nuestras manos, copón, que ya hacemos nuestras cosas por y para ti. Eso sí, cierra los ojos.


La visión de la política según la democracia participativa nos la podemos imaginar. Defienden que si dejamos en manos de otros la gestión de la sociedad los técnicos dichosos reparten vaselina.
Genera autoritarismo, corrupción…
Por tanto, la participación en las tareas sociales/participativas es la única forma de impedir y poner barreras a la corrupción. Por eso estamos como estamos: el desprestigio de los partidos políticos donde debe predominar la profesionalidad de la política exige la existencia de otros canales de participación.
Pero estos canales están viciados por quienes quieren ocupar su espacio de poder sobre nuestras cabezas. Dichos canales de participación son limitados, y son muy difíciles para gestionar democráticamente a la sociedad. Me atrevo a decir que no sirven.
Pero siendo conscientes de esta realidad podríamos repensar este discurso.

Y llegando a este final te recuerdo que España se define como un estado democrático.
JAJAJA.
Que no nos engañen.

Andrea Villar Lamas

No hay comentarios:

Publicar un comentario