creo que no eres nadie,
en el parque de los sueños, los columpios aparecían solos y creíste
que por balancearse en la imaginación de alguien,
ya eran alguien.
El calor de una buena utopía,
el miedo a la frívola estación de la dama de piel blanca,
pisando baldosas rojas por la vía
para poder cargar las penas al hombro de un aura magna.
Las alas, ya lo sabes, dolían,
aunque volar con alas cortas
en los tiempos que corrían
era símil de poco pan y muchas tortas.
Canto
No hay comentarios:
Publicar un comentario