Estábamos sobre colchones arrugados y muertos.
Ascendíamos en la penumbra roja, estilo neón de noches oscuras,
mientras hablábamos de suaves tinieblas que sólo dejan ver más tinieblas
y de vez en cuando, realizábamos sorteos en la barriga de un perro dormido.
El firmamento se adentraba en el pesebre, acomodaba las figuras y las derribaba,
en el éxtasis sin cuerpo ni manifestación (lentitudes marchitas por cortesía del camello)
se convertían en luces resplandecientes que descomponían el paisaje antiguo.
Ésta es la naturaleza viva, que se esconde en polvo naciente,
mágica mentira que encrudece la desconfianza…
Los borbotones de agua hirviendo que procedían de las mesas
nos hizo correr en búsqueda de una piedra con la que ajustar el reloj del miedo.
No la encontramos. Un relámpago descendió con la sangre en los labios.
Resolvió el enigma del crucificado.
2
Piedras colgando de los techos
pájaros como marionetas
mujeres como estatuas
El cielo se derrumba a intervalos crecientes
las verdes yerbas se llenan de cieno
La belleza resplandece en el fuego y
en nuestra constante
autodestrucción
caemos con sonrisas sarcásticas
3
Me miran y ya no florezco, me hundo, tierra adentro,
consumo los focos deslumbrantes y transformo este cuarto en el espacio
sin estrellas. Ahora estamos buceando en el espacio… La materia invisible
y oscura se nos acopla y levitamos con los humos del universo.
¡Y soy una planta…! Ya no crece y sus hojas, agrietadas por el afán
asesino de los insectos pegajosos de los que cuelgan ramas viscosas,
indefensas, se suspenden en vuelo eterno, ingrávido, tenue y
un poco melancólico. La decrepitud te acecha, agazapada en un montón
de estiércol de animales en fase de descomposición, analiza tus verdores
primaverales, tus dolores invernales, tus templanzas en el estío y tus
represiones de hojas caducas.
-Acariciad mis huesos, que mi esqueleto es agradable, cuidadme,
arropadme cuando las hormigas se cuelguen de mis piernas, así mi sueños
me impedirán pensar en la carrera con mis semejantes, en el instinto
de supervivencia…- Frase de una planta depresivamente onírica…
¡Bosques sin frutos…! La turbación se agranda y el mundo cae
presa del pánico: Las plantas ya no florecen.
Zambo
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