Muere el león.

“[…] But I do not talk of the beginning or the end.                             “[…] Pero yo no hablo del principio ni del fin.
There was never any more inception than there is now,                       Nunca ha habido más comienzos que ahora,
nor any more youth or age than there is now,                                        ni tantos jóvenes o viejos como ahora,
and will never be any more perfection than there is now,                     y nunca habrá tantas perfecciones como ahora,
nor any more heaven or hell than there is now.”                                    ni tanto cielo o infierno como ahora.”
                                       Song of Myself (Canto a mí mismo)
                                           Walt Whitman.




Yo que aquí me siento,
vosotros que así me miráis,
nada que yo comento.

Hormigas que os escapáis
escalando entre mis huesos,
buscando una salida.

Orgullosa y suicida
vuestra casta,
de negro todo vuestro afuera,
sin alma entera
pero corazón roto
de roer hojas y ramas,
de mirarnos a los ojos.

Rojas las hijas del sol,
azul las de las aguas,
aquellas a las que odiáis,
aquellas de las que huís
pero no de mí
ya que encontrasteis
mi tierra,
mi verde espera,
mi cálido río sin vera,
mi vida entera.

También encontraréis polvo
pues sólo hay recuerdos
en esta rota cabeza.
Razón se mudó
al rojo río de sangre,
el caracol contó
que le había visto helarse de soledad,
de qué más me das,
de sálvese quien pueda
pues el frío espera
y el río llega,
siempre llega y golpea,
choca y derrumba,
nunca, nunca pregunta.


Rojos indios de plumas blancas,
también lo son las lanzas,
escudos arcoíris,
flechas de viento,
de despierto, vivo y muero.

Leones sin cuerpo
con hombres sin cabeza
hicieron el pacto
por conveniencia,
así la melena tapaba la pena
de dormir sin cena,
pero las hormigas cayeron
y cayó el mundo entero,
los gusanos perdieron
las velas con tierra,
la luz se fue
sin chocar este planeta,
muerta,
muerta se quedó Gea.

Y León rugió,
tan alto que perdió
la cabeza
y murieron los corazones,
nacieron más rejas
y León creció
arriba
y ganó las piernas
y perdió los hombros,
las alas, se quedaron viejas
y hoy tú a mí me dejas
y se fue la luz,
perdí la cabeza,
pero no importó,
del cuello mi corazón brotó
y me sobraron los ojos
y perdí las piernas
pero el mundo siguió
siendo el que era,
pero para mí Gea era nueva,
ya que ahora sentía
sin mi vieja cabeza rea,
que ahora
las hormigas
cenan.

Carlos Esteban González

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