De cómo y cuándo me volví loco. Diario de un fracasado.

15 de diciembre de 2013.

Llueven los ojos cerrados y huele a café en la calle.

18 de septiembre de 2013.

Encontrarán mi cuerpo putrefacto de rodillas, implorando a la muerte por el eterno secreto de su belleza, el secreto de la vida que atemoriza a los mortales. Mi madre muerta saluda desde el dintel de la puerta. Buck Mulligan rebana mis pelotas con una navaja de afeitar.

No moriré por amor a la patria, de eso estoy seguro.

9 de enero de 2014.

Las voces en mi cabeza no cesan. El gigante que se creía rey. No es posible vencer la locura, solo es posible rebasarla. Papá, me voy. Las muertes y las palizas no me devolverán a mis niños, ni a mi mujer.

Este es el diario de la esquizofrenia. Estuve vivo, ahora, no sé.

20 de agosto de 2013.

Un año en el paro, pateando la ciudad en busca de trabajo. La misma mierda. En casa mi mujer no me habla porque no soy capaz de llevar comida a la mesa. Mis hijos me adoran, o eso creo, pero no ven en mí más que la figura de un superhéroe que daría la vida por ellos. La misma mierda.

Cómo cojones he de sentirme si cada vez que me ve en el sofá mi nena me dice: papá, ¿por qué te pasas todo el día en casa? Te juro que se me cae el alma al suelo cuando mi hijo, el mayor, me llama holgazán y me grita que busque trabajo de una puta vez.

Cómo cojones he de sentirme si ya no atraigo a mi mujer porque soy la última mierda que quedó tirada en la carretera y no valgo ni para mantener a mi familia.

Cómo cojones, cómo cojones he de sentirme.

El gigante derrotado.

6 de enero de 2014.

No bastan las heridas para poder besar los labios del diablo. Tienen que sangrar.
Réquiem por un asesinato.

Suenan las campanas.

1 de septiembre de 2013.

He terminado una chapuza que tenía que hacer en casa de mi vecino y después de dos meses he podido dar la propina a mis hijos. Después de dos meses mi mujer ha vuelto a sonreír. Hoy es un buen día.
The velvet underground suena en mis cascos.

Sí, hoy es un buen día.

4 de diciembre de 2013.

Sangre en las cortinas. Un cadáver descuartizado.



25 de agosto de 2013.

Dejo a mi pequeña con sus amigos y voy paseando hasta el parque. Mi amigo Víctor está sentado en un banco y me siento con él. Estoy jodido tío, le digo. Toma, esto te aliviará las penas, contesta.

Primera experiencia con las drogas.

La adicción del gigante derrotado.

20 de octubre de 2013.

Mi mujer dice que no aguanta más y que se rinde, que se va a casa de sus padres y que de mí se olvida. La pido por favor que no se lleve a los niños, que son lo mejor que tengo, pero me dice que qué ostias pienso darles de comer cada día, que qué mierda de vida les voy a facilitar, si apenas puedo enderezar la mía. Y lo entiendo. Y dejo que se vayan.

Bajo al bar pero Paco no me deja entrar porque debo ya más de cien euros. Le digo que pagaré pronto y que me sirva, por favor, un desayuno, pero él me dice que de dónde cojones pienso sacar el dinero y que qué mierda de vida estoy llevando. Y lo entiendo. Y dejo que me eche.

7 de septiembre de 2013.

Qué es el fuego sino un animal que tiene miedo al olvido.

Cerveza y marihuana, cocaína.

Hosanna en el cielo, Hosanna en la tierra, señor Jesús, príncipe de las espinas, dolor del hombre.
En la televisión anuncian la muerte de un presidente. Lloro de la emoción. Quieren embargar mi casa. Lucharé contra todo un ejército, si es necesario.

Tony Montana me mira desde lo alto y se ríe de mí.

María, no ser virgen no es un pecado. Ahora ya lo sabemos.

28 de agosto de 2013.

He llegado a casa borracho perdido. Mi mujer no me deja dormir en la cama. Mi hijo mayor ni siquiera me deja entrar en su habitación. La pequeña duerme, blancura inmaculada de la bendita inocencia. Es esa hora en la que la televisión solo sabe escupir programas de telebasura que venden artilugios que nunca necesitarán a viejas amargadas que nunca lo utilizarán.

Rompo a llorar, no sé si de tristeza o de rabia.

Vuelve a sangrarme la nariz. Mi asquerosa nariz de borracho.

23 de octubre de 2013.

Restos de cocaína en la mesita de noche. La cama sin hacer. Un cuervo anida en mi ventana. Quizás la verdad de mi existencia sea el humo blanco de la marihuana. O la extinción del poema. Convulsiones. Vómitos. Sick Boy sentado a mi lado. Heroína caliente, su olor. EL SOL.

11 de septiembre de 2013.

En EEUU lloran la triste amenaza que empañó su patria. Yo lloro la triste amenaza que empaña mi vida. Todos estamos conectados.

1 de enero de 2014.
15:00 Me sorprendo con una pistola en la mano, cantando frente a un espejo. Cualquier tiempo pasado fue mejor, dice una voz tras el espejo. Mi mujer le cuenta sus penas a una cuerda atada al cuello. Mis hijos lloran sangre. Cualquier tiempo pasado fue mejor.

Han muerto todos mis enemigos, menos yo mismo.

El asesino no ha sido el mayordomo.

Elemental, querido Watson.

10:00 De entre todos los colores, el rojo es, sin duda, mi color preferido.

08:00 Dos días sin dormir no tienen que ser buenos, pero me da igual. Un tiro más. Un chute más. Voy hacia la casa de los padres de mi mujer. ¿Por qué voy hacia la casa de los padres de mi mujer? Ni puta idea. Llevo una pistola en la mano. ¿Por qué llevo una pistola en la mano? Ni puta idea.

13:00 Alguien está gritando en la habitación de al lado. Mi mujer lucha contra la asfixia. No sé porqué, pero esto me divierte. Un cartel de la campaña electoral del pepé me observa desde la calle. Algún día todos viviremos en paz, todos menos vosotros.

1 de diciembre.

Paseando por la calle me cruzo con dos niños de papá que se burlan de un mendigo que muere en una esquina. Me hierve la sangre y noto que tengo que hacer algo para hacer pagar a esos malnacidos todo el dolor que están provocando.

Les sigo hasta un descampado en el que van a celebrar el fatal suceso bebiendo algo de priva. Agarro la rama de árbol más grande que puedo sostener y les doy sendos golpes en las caderas para que no puedan moverse.

Me piden por favor que pare ya. Están llorando, pero ya no les oigo reírse. Yo sí me rio. Al primero le quedo seco de una ostia en la cabeza. El segundo no correrá la misma suerte...

Me gusta el sabor de la sangre.

El gigante es más grande que nunca.

15 de agosto de 2013.

Mi niña ha llegado llorando a casa, que dice que sus amigos le llaman pobre y que tiene miedo de que sea verdad, aunque no sabe qué quiere decir ser pobre. Yo no puedo contener las lágrimas y le explico que ser pobre es tener muy poco dinero o nada y le juro que ella nunca tendrá ese problema porque yo estaré a su lado y no tendrá nada que temer. Me duele mucho engañar así a mi hija, pero más me duele la amenaza de desahucio que sobrevuela sobre nuestra casa y más todavía me duele la risa histérica de todos aquellos fanfarrones de traje y corbata que me dan una patada en el trasero cada vez que me arrastro a pedirles trabajo.

Ni se os ocurra jugar con el dolor de mi niña, hijos de la gran puta.

12 de enero de 2014.

Yo soy la resurrección y la vida.

Lázaro se levanta algo confuso de su tumba. La locura solo puede rebasarse, ¿recuerdas?

El gigante renacido de sus cenizas. Esquizofrenia. Hospital psiquiátrico. EL SOL.

Eduardo Gutiérrez Gutiérrez

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