El odio me invade cada vez que me encuentro frente a fotografías explicitas sobre
animales maltratados, mutilados y calcinados; y sabiendo que tras la imagen de se
encuentran las bestias descorazonadas y sanguinarias que cometen semejantes
atrocidades. ¿Captas el mensaje?
Para enterarme de que el hombre está podrido por dentro, no necesito una fotografía que
lo demuestre. Soy hombre, y sé lo que una malformación ética-moral puede llegar a
causar. Tan solo hay que mirar la caja tonta, y ver quien está "por encima",
gobernándonos. Viendo eso, puedo esperarme la extinción de especies, el maltrato, las
violaciones, asesinatos, caza furtiva, tala ilegal, incendios provocados... Todo eso me
parece normal. Si a la cabeza de nuestros grandes esfuerzos por el avance y el progreso,
que durante tanto tiempo ha carcomido nuestra mollera, se encuentran semejantes
ineptos, ladrones bastardos e hipócritas, me pregunto yo. ¿Cómo no van a existir seres
capaces de destruir las pocas huellas que nos quedan de vida?
Por eso, mientras no consigamos fundirnos con nuestro entorno, consiguiendo un estado
de introspección que nos acerque más a la Naturaleza, seguiremos siendo El Arma del
mundo.
Ni manifiesto, ni desahogo. Es el grito desgarrador de un hombre que llora al ver su
planeta al borde del colapso. Un grito que refleja la destrucción de bosques, suplantados
por ciudades contaminantes no solo para el medio ambiente, sino también para nuestra
voluntad y espíritu.
La voz del ocaso de un hombre que sigue amando el Sol y la tierra,
y que desea que cese el sufrimiento y dolor que escuchamos en el viento.
Por eso me pregunto cada día, cuando la mierda no nos deja seguir de frente,
cuando mentiras, miedo y asco sepultan un mañana tan esperado,
y cuelgan interrogantes e instantes sobre un hilo,
sin motivo alguno para quedarnos quietos y mudos, poseídos por el frío.
¡Por eso maldita sea, por eso!
Que aunque mi cara luzca sonriente,
No hay día que no me pregunte:
¿Qué va a ser lo siguiente?
Pablo Vázquez Lobato
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