Mar


“Las aguas fluyen constantemente. Siempre.
El concepto de agua estancada no puede aplicarse en el mar.”

Día:

Todas las mañanas, los transparentes y luminosos rayos del Señor Sol se sientan ligeramente sobre las refinadas y dulces aguas matinales, dejando que los pájaros puedan abarcar con la vista lo que en su interior esconde el amplio mar.
Son aguas tranquilas. Las olas apenas se elevan y tienen poca fuerza. Chocan unas con otras suavemente en una impresionante armonía que parece inalterable, generando un lento movimiento plácido y asiduo.

El Señor Sol acurruca todos los escondrijos que se abren entre los corales y las rocas marinas. Entonces los peces despiertan de su letargo y comienzan a ver las primeras luces del día, como si una mano con sedosos y resbalosos dedos los sacase sutilmente de su nido y los dejara a la merced del mar.
Su desplazamiento por el agua es sublime. No son peces normales. El vaivén de sus colas es hipnotizante y sus colores...
¿Por qué muchos perecen en un ambiente tan favorable para su vida? ¿Porqué los que están mejor alimentados introducen en sus fauces a los más débiles y dejan que estos se pierdan en las profundidades de su cuerpo? ¿Por qué los más pequeños apenas se mueven? ¿Por qué se confinan en un recóndito y limitado lar, desvaneciéndose en las burbujas de su propio respirar?
¿Porqué los de mayor tamaño, al aburrirse de su posición, deciden evaporarse?
No lo sé. Los delfines me han dicho que es el ciclo del mar. Pero yo no confío en ellos. Nunca lo he hecho. Cuando salen a “respirar” dejan de pertenecer al ecosistema marino.

A medida que empiezan a aparecer las abismales profundidades la visibilidad se hace cada vez más difícil y difusa. Oscuridad es la dueña y señora de este lugar y no le gusta que le molesten. Ni siquiera la noche. A pesar de que ambas mantienen una buenas relación y se estrechan la mano constantemente. Oscuridad es demasiado recelosa y no le gusta revelar su verdadera cara. Oscuridad eres avara.
El fondo de las profundidades es invisible. Quizá sea infinito. Jamás lo podré abarcar, jamás lo podré tocar. Jamás los delfines podrán salir a la superficie con la respuesta a la pregunta ¿Qué hay en el fondo del mar?


Noche:

Atrás quedó el apaciguado ambiente superficial del mar matinal. La noche ha llegado y con ella un movimiento más acelerado de las aguas. Cada vez se mueven más fuertes. Más rápido.
Las olas comienzan a ganar altura y su caída es estruendosa y violenta. El ruido que se produce es ensordecedor. Pero da igual nadie lo oye. Los pájaros diurnos ya están durmiendo y los búhos no suelen sobrevolar el mar.
Todo se vuelve más convulso y brusco por la noche.

¿Y quién es él o la culpable de todo?
La Luna. La Luna lo ha provocado todo. Ella es la culpable.
¿Quién le plantará cara?
Nadie. No hay nadie que pueda señalarla, acusarla y atacarla. Ella siempre se encuentra respaldada por las estrellas y la noche. Su ejército es implacable y un mar no puede hacer nada contra ella.

La noche ha caído impetuosamente como un pesado velo oscuro y opaco sobre la superficie marina. Sólo la tenue luz de la Luna permite atisbar algunos retazos de la tierra que se encuentra bajo el agua ¿Porqué nunca hay Luna Nueva...?

Ya los peces duermen, a pesar de la tempestad. Ahora le toca a las arenas moverse. Tomar el mar. Ahora es el turno de que se erijan y comiencen a danzar levemente como si volaran dulcemente por el agua. Ahora le toca a las arenas tocar a los peces, besarles con sus ásperos labios. Ahora las arenas pueden modificar su consistencia para transformarse en lo que ellas quieran.

Tranquilas queridas arenas que nadie os verá, mientras mantengáis vuestra férrea amistad con vuestra querida Oscuridad. Tranquilas, ya podéis moveros con total libertad. Tranquilas ya podéis hablar manteniendo vuestra confidencialidad que jamás nadie os oirá. Sólo La Luna puede que lo haga, pero tranquilas: Esa no hablará. Está muda. Se encuentra muy desanimada desde que se enteró que no puede ver el fondo del mar.

Zambo

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