Compasiones.



La necesidad impera sobre nuestros miedos,
sobre nuestros principios,
sobre nuestra razón.

¿Qué somos más que los ácaros
que pueblan la alfombra del misterio?
Apenas tenemos en la mano una botella,
donde guardar nuestro deseo intacto,
nuestra visión de futuro, de progreso,
y la vertemos sobre nuestros sesos
desfigurando aquello que nos rodea,
impregnando de sal el fuego que estalla
y esparce sus brasas sobre la hierba
que se va secando, y se hace polvo
y se enreda en los ojos abiertos
que sangran, y lloran y pierden
el tacto por el sueño corrompido.

La distancia es un amigo solitario
que acuna prejuicios hambrientos
de la fama, de la risa o el destino
que todo arrastra con su inevitable pregunta
hacia los límites del amor entumecido
entre las férreas yagas de la muerte
cuya sangre no es más que óxido,
dolor, crueldad, temor y codicia,
y cuyo vientre oculta un hijo pródigo
que el mundo cree que necesita.

…-…

Recorté la sombra,
deshice el engaño,
recogí las sobras,
me lavé las manos.

Afronté el camino,
anoté mis miedos,
decoré mis sueños,
descifré el sentido.

Traduje mi dolor
a un idioma antiguo,
desnudé mi pasión,
amé a mis amigos…

Por ser acaso otro
que no soy y he sido
pues un ser hay solo
que solo sea él mismo.



A Cernuda

Memoria de una piedra sepultada entre ortigas,
herida que sangra entre dos cuerpos distantes,
reflejo de un deseo en un mar de incertidumbres,
corsario en un desierto pálido de arena,
mendigo de ciudades en vela,
de sueños que siguen el curso
de ríos que nunca terminan,
de nudos que nunca se aflojan;
inmenso y triste, como la muerte
que se olvidó tu palabra en la losa.

Pintor de nítidas sombras y oscuras pasiones,
mas no tan oscuras, ni tan mal pensadas,
tan solo formas de un corazón resentido,
de un color que se esparce por el aire
y cae en rostros vacíos, en manos
que no tienen dónde agarrarse,
que encuentran la luz en la noche
como se encuentran dos voces
en un mismo acantilado.



No te quepa duda,
he sido un cobarde
todo este tiempo.
Siempre creí demasiado,
como un loco adolescente
ahogado en sus deseos.
Me he dejado crecer,
he buscado convencerme
de los sueños imposibles,
de las causas ya perdidas;
pero no te quepa duda,
he sido un cobarde
todo este tiempo
y lo siento,
éste no fue siempre
mi mundo, no fueron
siempre dulces
mis pasiones.

He pasado de largo,
me he arrancado los labios,
la lengua, el sentido…
Y sé que he sido un cobarde
todo este tiempo
pero ahora puedo reírme
de mis lágrimas,
ahora puedo besar
mis labios muertos,
ahora puedo saborear
mi propia lengua.

Porque sé que he sido un cobarde
pero ya no me preocupa
porque estoy hambriento.

Ernesto Rodríguez Vicente

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