...la aguja muerde y hace daño
tengo cactus en los brazos.
Leopoldo María Panero
La aguja contamina todo lo que toca. Todo lo que toca... Y dos titanes combaten eternamente aquí en mi pecho. Todo lo que toca... Oh todos vosotros que pasáis por el camino, prestad atención y mirad si hay un dolor semejante a mi dolor. Y dos titanes... aquí en mi pecho... Prestad atención pueblos del universo y mirad mi dolor; en el ocaso de los ídolos una rosa entre los dientes la dulce balada y un castillo de naipes el Último Epitafio y si hay un dolor semejante a mi dolor. El mundo es una enorme roca que sostengo entre mis manos. Ansiedad el estado natural del hombre. El mundo es una pesadilla y sólo en la aguja puedo escapar. Todo lo que toca... Mirad si mi herida no es la herida del hombre, si mi dolor no es el dolor del mundo. Y pese a todo te quiero, te juro que te quiero; en el dolor y en la herida y en la aguja y en la ansiedad te quiero, te juro que te quiero. No jures, porque todo juramento es un énfasis. El recuerdo era mentira, el sueño era mentira: en la Verdad sólo tú diciéndome que todo lo demás era mentira, sólo tú abrazándome a la vida, sólo tú y para qué más si tú... Todo lo que toca... GRITO y no me oye nadie, nadie, no me oye nadie. Rodeado de gente y nadie para oírme, rodeado de tantos y sin nada. En la periferia del círculo de la aguja el Ciervo como único consuelo, la parca el único y mejor amigo. En el centro del círculo de la aguja GRITO y no hay nadie para oírme, nadie para pedirme que module mis gritos, para avisarme de que quizás esté molestando demasiado... quizás... demasiado... Y cuando el círculo de la aguja se desvanece en la pesadilla hay tristes payasos que me señalan, riéndose me señalan y cantan a coro, escupiéndome y orinando sobre mi cabeza cantan: Tú serás el decimotercero, y serás maldito por generaciones, y vendrás para reinar sobre ellos. Tomaban en volandas mi desvanecido cuerpo el Cuerpo de la Aguja y vestíanme con precioso terciopelo azul Lo que tenga que ser que sea Y QUE VENGA FUERTE. Despierto y no hay nadie, de nuevo, nunca nadie. Contra todos y contra nadie, prestad atención pueblos del universo, contra todos y contra nadie sobre el papel y sobre la estrépita risa de los niños del cáncer; míralos, a los niños, llorando a lágrima viva (las lágrimas vivas deben de ser inmensas, inconmensurables; tan grandes que duele dejarlas salir; tan grandes que cuando dejas de llorar notas el vacío dentro de ti, no sé) mientras uno a uno caen al sueño por la terrible picadura del cáncer. Míralos muriendo con la boca estirada y la frente límpida, la dulce muerte o eso dicen. Si notas que en cada palabra tartamudeo es por todo lo que me queda por contarte. Todo lo que toca... Míranos, somos gigantes. Otra vez el vals del rey derrotado la angustia en la mirada y un viejo faisán ardiendo para recordar que por mucho que corra por mucho que grite por mucho que finja la sonrisa siempre estará allí el vals de la aguja siempre antes de que yo antes de que llegue ya allí la mirada de la aguja donde aún no sé que estoy allí la aguja en todos los modos del verbo amar en todas las hojas de los árboles en todos los rostros de todos los niños abandonados en todos los besos de los enamorados en todas las ofensas siempre allí siempre la aguja y siempre su triste final que es el mejor de los finales posibles.
Qué hermosas ruinas...
Eduardo Gutiérrez Gutiérrez
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