Cataluña, España y su Puta Madre.

Título adaptado del libro Cataluña, España y la madre que las parió de Xavier (Javier en España) Sardá, con todos mis respetos hacia su persona.

No sé tú, lector, pero yo estoy harto. Estoy harto de éste eterno debate soberanista que se hace eterno (y tedioso) precisamente porque no es debate. Aunque nos intenten convencer de lo contrario. Donde no hay diálogo racional y razonado no hay debate, no hay política; sólo un conflicto de intereses que, aunque aparenten que son públicos (y quizás así lo fueron en un principio), son personales, privados. ¿Cómo diablos puede aceptarse un debate acerca de intereses privados en política?

Empezó ésta lucha por la demanda de derechos políticos, cívicos, que era el interés de una ciudadanía activa, la catalana, que se sabe y se quiere dentro del flujo de la Historia. Luego vinieron los queridos representantes del pueblo a privatizar ése interés y a hacer la guerra por su cuenta con éste por bandera. Porque una cosa es la defensa y exaltación del nacionalismo (en lo que al señor Mas no hay quien le gane), y otra muy distinta es el legítimo derecho de los ciudadanos a decidir; a votar, a participar en política, que al fin y al cabo es la significancia moderna a la participación ciudadana en la Historia del Hombre. No confundamos al fanático con el ciudadano tolerante, no vaya a ser que el número de defensores de la independencia catalana quede reducido a la mitad...

Y de otro lado, un alarmado equipo de gobierno que defiende orgulloso la democracia y tiembla de terror cuando se denuncia su constante distorsión y decadencia en pro, otra vez más, de intereses privados en éste caso económicos y no identitarios. De aquí otro engaño más: votar a nuestros representantes políticos cada cuatro años no es participar en democracia; es ceder poder democrático, cosa muy diferente. Ay... ¡cuán deformados están los intereses soberanistas y los intereses democrático-patrióticos que se han consolidado los primeros en el señor Mas y los segundos en el señor Rajoy!, ¿qué mierda de debate político es ése? Porque qué poco refieren los intereses del señor Mas y del señor Rajoy a los intereses de la ciudadanía catalana y española, ¿verdad?

No quiero que me tomen por tonto, lector, estoy harto de su cinismo. No hacen política, hacen ideología; no defienden nuestros intereses, defienden los suyos; hacen demagogia, retórica ideal que, si pura, es por su vaciedad.


Si de verdad quieren hacer política, si de verdad quieren defender los intereses de su pueblo, ¿a qué esperan para sentarse a hablar?, ¿a qué esperan para iniciar el diálogo y evitar cuanto antes el enfrentamiento separatista al que está conduciendo su patética defensa de la ley y de la libertad de expresión? Ni lo que defienden unos es el cumplimiento de la ley (que tanto se empeñan sus militantes en quebrantar) ni lo que defienden otros es la libertad de expresión del pueblo. Se hace más por la quiebra del Estado español no haciendo nada respecto a la problemática de la soberanía autonómica, que es lo que están haciendo, que tomando medidas serias en cuanto a ésta: que se deje votar (yo soy de ésta opinión lector, no te quiero engañar) o que no se deje, que se reforme la Constitución o que no se reforme, que se facilite la independencia autonómica o que no se facilite, ¡pero que hagan algo de una jodida vez! Y dejen de marear tanto la perdiz, que al final no va a haber dios que se la coma.

Un ejemplo ilustrativo que oye, tampoco se aleja tanto de la realidad, ¿no?:

- Queremos decidir sobre nuestra independencia.

- No podéis (o lo que es lo mismo, no queremos que podáis).

- Pues desobediencia civil.

- Pues te pongo los tanques a la puerta de los colegios electorales.

Y ya está; el país roto sin necesidad de referéndum, lo que es lo mismo que decir sin necesidad de contar con la opinión del pueblo soberano, vamos. ¡Hala!, a ostias (que es muy español) por no querer reconocer la ruptura de un país que aún no se sabe roto o por reconocerlo y no querer hacerlo público. A ostias hasta que no quede ley con cabeza ni derecho por violar (que es muy de político español).

¡Sentaos a hablar de una puta vez, y solucionad éste terrible problema, que ya se nos está haciendo demasiado pesado!

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No he querido, lector, posicionarme más de lo necesario para poder expresarte la opinión que éste problema merece. Soy español, español de oficio y profesión como decía el bueno de don Miguel, y nunca permitiré ni aceptaré la ruptura de mi país. Si juntos no somos capaces de salvar el caos material, intelectual y moral en que vivimos cómo vamos a ser capaces de hacerlo si nos dividimos.

Pero no tengo nada en contra de los ciudadanos catalanes, independentistas o no; quiero que la gente vote y no entiendo porqué no nos dejan hacerlo (porque de votar, en eso creo que tú también estarás de acuerdo, lector, votaremos todos). Envidio sanamente la unidad del pueblo catalán, su actividad política y su conciencia ciudadana; sus ganas de hacer Historia, sus valores y su amor patrio. Cuánto cambiaría la situación española si fuésemos capaces de formar una identidad nacional como la catalana...

Eduardo Gutiérrez Gutiérrez

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