Mi aleatoria esencia.


Podría contarte miles de cosas, 
hablarte despacio midiendo las palabras, 
atrapar tus gestos en mi memoria, 
mostrarte cada rincón de mi alma, 
jugar con tu delgada y sencilla sonrisa, 
untar en mi pecho tus sedosas lágrimas 
y llevar tu mirada de orilla en orilla 
para que bañes tu ser en todas las playas. 

Podría abrazar una muerte prematura 
y hasta una muerte sufrida y lejana, 
podría caminar por cualquier vida 
sin importarme el final que me aguarda: 
una vida tranquila, silenciosa y ausente, 
una muerte inminente, solitaria y aburrida, 
una vida intensa, fugaz y exprimida, 
una muerte dulce como una madre, 
una vida hueca, pobre y hambrienta, 
una muerte llena de espanto, 
una vida compleja, una muerte sin llanto. 

Podría ahogarme sin agua, 
hundirme en un pozo sin fondo, 
pensarme como imagen de la nada 
y reflejarme en la oscuridad de tus ojos, 
podría temblar de alegría, de dolor o de tristeza, 
calmar mi pulso y sentirme sin fuerzas, 
cambiar el ritmo de la sangre a través de mis venas 
y no pensar en nada y en nadie, 
y alejarme de todo 
y volverme de piedra. 


Ernesto Rodríguez Vicente

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