y es tan grande
que por fin me he perdido.
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El tiempo duerme pequeño en una
esquina, no son mis ojos mi vida,
pero ahora nada brilla.
Saltan todas las cosas seguidas,
ya murió el idiota que miraba
y muerto de mierda mordía
llenando de lágrimas las heridas.
No son de mis pasos las esquinas,
no es que me haya acostumbrado a la caída,
sólo me miré, no me encontraba,
nadie sonreía.
El coyote no espera detrás de la colina,
el sol abandonó sin mañana esta vida,
son de aire los arrogantes muros
que antes veía.
Sólo respiro, muero y dejo rodar
la melodía, es el réquiem del aire,
es el fin del baile.
Soy él por estar vacío,
vengo de huir de mí
todos los días.
Soy yo aunque tú
no sonrías.
Carlos Esteban González
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