Gritad para saber quién sois

En invierno
la deidad del frío se da a conocer
en los témpanos del templo.
El blanco se desparrama
Al solo silbido de las armas de la muerte.
Mata el nacimiento suyo
tomando su calor,
teniéndolo en su centro,
el suave limbo
fuente del letargo.

Sollozos y serenidad
por ser bello lo dispar
en equilibrio.

Perfilando los límites: los hogares,
poblados de luz; el fuego simple.
Dejo una promesa
al paraje reforzado
sintiendo la tierra congelada,
abajo, muy hondando:
Sencillamente
seré fiel a lo que he visto.

Atormentado queda el aire
y caigo de espaldas
en la tundra.
Roja hoja la vestidura,
descolorida y crujiente.
Me camuflo entre la sangre del otoño
desahumado el recuerdo
atravesando la senda que decrece
en el bosque que solo es antiguo
y es mi piel.



Los verdugos, abrigados,
apilando el vacío.
Tan solo sombríos,
cumplen la nada.
Soles se tornan ciegos y el grito se queda
dentro de sus cuerpos.

Respiro a los muertos,
solo ellos me protegen,
dejarles ver por mis ojos
y que ellos me silencien,
y quede libre de ser escuchado
pues nadie quiere romper su hado
al no saber lo que no ha logrado.

Mi vientre se deshiela
en colores cálidos.
Hoy soy la pira colorida
y el ave del paraíso
que espera ver el final
en una isla escondida.
Hoy comprendo el odio
y el amor que guarda en su mirada.
Cómo cae el eco silenciado,
creando ondas de color violeta;
allende la costa puedo ver
un tifón acostado sobre el archipiélago,
todavía vive semiocultando
la verdadera fuerza de mis hermanos.

Ollie de Ninfo

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