Absurdo,
absurdo es todo este mundo repleto de extraños,
esta cesta llena de distintos colores,
este baúl de piedras y flores,
este arroyo turbio y huraño
que lleva en su cauce hojas de otoño,
este sumidero de ideas e imágenes,
este gran estruendo de sordos
que gritan con voces mudas e intransigentes.
Sobrevuelo cada río, cada puente,
cada monte, cada valle,
cada cruce, cada frente
y observo desde el azul cielo infinito
que no hay más luz en el mundo
que dentro de mí mismo.
Paseo descalzo sobre brasas candentes
sin expresar un mínimo gesto de sufrimiento,
asciendo impracticables montañas nevadas
contemplando la magnitud de la caída
y riéndome con expresión de desprecio
de todos los miedos que lastra mi vida.
Absurda,
absurda es la vida sin un sentido aparente
ni un final más razonable que el comienzo supuesto.
Cuan insignificantes somos cuanto más comprendemos
y cuanto más nos distanciamos del presente
intentando intuir un mundo incomprensible.
Somos paradojas dotadas de piel y emociones,
paradigmas de una vida más allá de la muerte,
improbables seres en improbables mentes.
Ernesto Rodríguez Vicente
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