Si, lo están. Y cuando digo de palabras, también me refiero a los conceptos.
No nos tiene que sonar a catástrofe cuando deseo o deseamos destruirlas, ya que debido a la evolución que el mundo está llevando a cabo están perdiendo gradualmente toda su belleza y particularidad porque nos hemos encargado de cargarlas de ponzoña que las envenena: tabúes, ética, moral, imaginario colectivo… (Por explicar uno de los motivos). Para ser no son necesarias las palabras, ni para sentir. Simplemente ERES o SIENTES. No lo tienes por qué atribuir a una categoría gramatical concreta, o definirte por medio de palabras.
(No es más que una de tantas ideas, una impresión personal).
En ningún momento trato de desvalorizar el lenguaje, pero sí lo que hemos hecho con él. ¿La comunicación, por tanto, sin palabras? Tenemos cinco sentidos adormilados en un lugar de nuestro interior, velados por un Morfeo de mentira. También en un gran conjunto somos responsables de haberlos maniatado.
Tampoco interesa una comunidad viva, vibrante y libre.
De ahí nos conduce a la excesiva desinformación, excesiva carga visual y lingüística sin ningún sentido –acusada sordera.
Ni siquiera conocemos ni sentimos nuestro cuerpo cuando le maltratamos.
Y decidme, si no sabemos escuchar nuestro cuerpo, decidme cómo es posible escuchar al otro, o la existencia de una comunicación paralela a la que damos uso diariamente si estamos dormidos ante la realidad primera más importante – nosotros mismos.
¿Cómo vamos a escuchar respirar al mundo?
Ahora piensas que no es tan bruto acabar con todo, ¿no? No deseo contagiarte con esta idea. Si lo deseas, la puedes hacer despertar en ti. Latir por ti mismo. Hacerte un mundo descontaminado.
Si te digo que
caen los castillos
de palabras sofisticadas,
ideas densas,
egolatrías literarias,
incomprensión escrita.
Cae todo aquello,
los textos hechos en catedrales renacentistas
de la forma de la palabra;
las pedanterías, las oscuridad errada
de lagares de falsos olores nauseabundos.
Caen las cadenas de las letras
servidas a mi disposición
y a la tuya
de cabalgar a tu antojo
y dejar de escribirnos para sentirnos
y sentirnos para entendernos
o vivirnos
y vivirnos para escribirlo si así nos place –y abrir los ojos
al mundo.
Todo tú. Todo tuyo.
Navega del mar de donde vienes.
Andrea Villar Lamas
Andrea Villar Lamas
No hay comentarios:
Publicar un comentario