Gritos seniles de bares desesperados
desnudan las praderas sembradas con ingenuidad
saltan miríadas de cuentos caníbales y corroen las cunas.
Sudor agrio y romántico se vierte en bolas de billar relucientes
y las banquetas sufren con la voracidad del vórtice bien alimentado.
Hombre sobre jarra se deja derretir en el fragor del éxtasis etílico
comenta que los cristales acechan y que los pájaros saborean la oscuridad.
Un súcubo, bello y con la piel de una joven de buena etiqueta, se zambulle en las alcantarillas
y absorbe las genialidades hipnagógicas de esta indolente presa sexual desquitada de carnes puritanas y candorosas.
Tan insulso es su abanico que despierta a un caballo (adicto al caballo y a la
ketamina)
que dormía en un campamento de galena y ámbar.
Sacude sus piernas y tartamudea con voz crítica.
Sombríos latidos se arman con guarniciones y ornamentas
y se dedican a asustar ancianas con cuellos de tortuga y pies como mazos.
El certamen de psicópatas alaba al mendigo de dulces banalidades
y posteriormente lo descuartizan y se enjuagan las manos con el ácido resultante.
Azul almidonado juega con las rosas del desierto que se disuelven en dicotomías nocturnas,
elude el frescor para sentirse seco e implacable.
¡Oh! Luz primaria de ti florece mi purpúreo (+Azul -Rojo) deslizamiento
y de ti se vocifera cuando la mañana levanta.
Cruel e insaciable, corta y lejana, incierta y rota.
Amor cortado con lenguas fermentadas y destiladas, inexistente en la máxima pureza,
pésima en la mezcla sin constancia, te desvaneces y eres gas envasado
herméticamente guardado en la gaveta de una habitación de ignota ubicación.
¡Adiós, saludo desmentido! ¡Adiós calumnia calamitosa! ¡Adiós féretro sin dedicatoria!
¡Adiós!
A LOS LOCOS CON RECETA MÉDICA
Depravados rostros de amargura esquizofrénica
compran las provisiones para la blanca luna
que ineludible y visual sacrifica suaves ternuras
de canciones anodinas que reflejan la periferia de una finca lindante.
Son anormales locos que gritan exponiendo sus axiomas,
sus convivencias en apartamentos de hienas y gatas,
sus paradas por bancos llenos de sultanes lacrimosos,
combinan las similitudes y los hedonismos en tarros de miel y azúcar.
Son los privilegiados que sobrevuelan las esperanzas
y aprueban las incursiones profundas y límbicas.
Maestros de la introspección externalizada, con corbatas sueltas y braguetas bajadas.
Amos de la evolución en escalones elevados.
Genios de la espiritualidad, sentados sobre piedras lobotómicas.
Vosotros atraéis a vuestras futuras visitas de jóvenes paranoicos
que buscan asilo en los brazos de un demente, de un somnífero veraz que
sorprenda las solícitas aletas decoradas con transparencias.
Llenad este mundo de cultura psicótica y de brebajes impíos
para que podamos suspendernos por encima de los cielos y de los universos
y de los infinitos... Sólo así quemaríamos las construcciones
imaginarias y fabulosas que obsesionan las suaves lágrimas,
profesionales en el arte de la subconsciencia.
Zambo
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