que se esfuman con el humo;
los cigarros prendidos
y mi mirada fija,
inquieta, nerviosa.
Mis ojos,
que te miran
y se estremecen;
mi cuerpo
que tiembla
al verte cerca.
La respiración en un puño,
aparentando estar tranquilo.
Perdido,
entre melenas al viento
y belleza al desnudo.
Benditas mujeres,
que me hacéis adicto
a vuestro olor,
a vuestro pelo;
a todos y cada uno
de los lunares
de vuestro cuerpo.
Embriaguez,
acompañante en soledad.
Hazme olvidar sus palabras,
pues no dejan de resonar.
Del camino has desaparecido,
y ahora contigo,
solo puedo soñar.
Pablo Vázquez Lobato
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