Ideas de un relato desde fuera.

Creo que fue una de mis mayores alucinaciones.

Era inmenso. Un montón de grandes edificios nos rodeaban por cada metro que recorríamos en aquellas calles. Sobre todo, me fijé en la escultura. Era una escultura distinta, recta, uniforme… Al igual que los rostros, que desapercibidos e inexpresivos iban y venían de toda esa inmensidad.

Aparentemente tranquilo, e incluso superior. Decían que serían nuestros próximos gobernantes… Sinceramente, si alguien de ellos nos intenta dar el palo sin nosotros darnos cuenta me reiría infinito. ¿De verdad que son más inteligentes que nosotros?

Crucemos.

-¿Lo has visto? Se estaba metiendo una raya. Así, sin esconderse, a plena luz del día.
Nadie se dio cuenta. Excepto nosotros, que nos gusta mirar a la gente. Y ver si hay brillo en sus ojos.

Vacío. Otra vez más, grandes edificios.
Prostíbulos. Cines porno.
Mendigos recogiendo casquillos que nosotros nos hemos encargado de tirar.
La maldita voluptuosidad de los edificios. La miseria en las calles.

-¿Qué ha dicho?


Corrupción, narcotráfico, antidemocracia…Da igual en qué lugar del mundo estés, en qué orden lo digas, cruces el charco o no. Todo es lo mismo. Todo es basura.
También encuentras esa misma luz, ese espíritu imperecedero que abriga ante tanto frío y grito ahogado del que se visten las calles. Recuerdo lo hermoso que es. Sonrío y en silencio doy las gracias. Hay algo de vida en esta masacre cerebral. Ahora mismo está aquí conmigo, escribiéndote esto.

*

Unos días transcurrieron entre las lenguas entrelazadas cuando vimos aquellos papeles. No todos fueron valientes, pero ahí estaban, las noticias de los últimos días y todos los lazos que se encubren bajo toda la capa de poder. – Esto es sólo la punta del iceberg-, pensé. Sin querer, me brillaron los ojos y el corazón comenzó a latir a otro ritmo: recuerdo que era más musical y emotivo, semejante a las canciones que en mi bandera suenan a nuestra guerra particular: La destrucción. Y el amor, porque al fin y al cabo intentamos formar parte de la revolución de los corazones.

La destrucción era mucho más fuerte.
-¿Y si nos estamos perdiendo el estallido? ¿Te imaginas?

Y tú, ¿te imaginas que todo, paso a paso y con una fortaleza asombrosa se empezase a derrumbar? El destape del todo de la gran máscara, gente en la calle…El final del poder…¿Cuánta mentira seríamos capaces de soportar?...y…¿Te imaginas empezar en hacer el ‘querer’ o lo que sea? Empezar a hacer ‘tus cosas’. Qué simpleza. Qué belleza…Se me acaban las palabras, pero dejo a tu imaginación que siga con este trabajo, con todo eso que te quiero hacer llegar.
(Y que sé que tú sabes y que yo sé, Ambos lo sabemos).

*

Si, allí estuve, viendo la caída del muro que aún está sin derrumbar. De todos esos muros que no quieren caer.

*

Al día siguiente, volví a consultar el periódico. Todo sueño anterior se desbarató, y ahora soy un poco más pequeña al igual que todas ellas.

*

Desperté y regresé de donde nunca me fui – ‘las mismas caras, los mismos gestos’.
La llama que nunca se apaga se vuelve un diamante.
Es muy duro, y tiene ganas de romper a destajo.



Andrea Villar Lamas

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