Poesía que llega tarde.

Estoy tan cansado
y hay tanta luz fuera.
Estoy tan cansado
y ahora tiembla la hoguera.
El sol calló,
la calle se desespera,
ven cerca del río,
me caigo sin cera
ni vela que alumbre
mis rabiosos pasos.

Estoy tan cansado
de salir y oíros a todos
y no entender una palabra.

Todo es grande, todo clama,
se cierra mi noche,
me echa mi cama,
desaparece el broche,
las esquinas sangran,
dónde dejé el duende
si dentro de mi nada,
ahora es un de qué se esconde,
por qué no me abraza.
Y cae la noche
y las estrellas no cantan,
no lloran, no llaman
a una luna que deja
atrás el alba
porque el sol ya no sale
en esta vera,
solución de cremallera
para esta herida entera
que es mi cuerpo.

Y cae la noche y no me encuentro.
No sé si tuerto o perdí el abierto,
corazón desierto.

Ya no te engaño con el abuelo
madre.

Ya no sé si saldré
desnudo a la calle,
ya no sé si saldré,
el pecho me arde,
el lobo me aúlla.


El infierno me arrulla,
pero eso era antes,
ahora dejé el negro,
el león se fue,
demasiado gris y plata tal vez,
nada le pediré,
por él volé,
en el lloré.

Y si son casas los castillos
me sacudiré el pelo de astillas
de cuando calló mi nido.
Ahora los problemas son mentiras,
mis vidas, tu rincón seguido
de excusas suicidas
que se van arrastrando quereres,
sus rostro me saben a ayeres
tú qué quieres, tú quién eres,
amigos fijados con alfileres,
si nos quieren, son alquileres.

Mi calle apesta a rabia,
a sudor, a labia
caída, perdida
la luna y el sol.
Ya no queda nadie en la habitación
pero no me hundo,
soy tuyo y no soy nada
letra marcada, dejada
atrás.

Pensé que me hacía viejo
pero me estaba muriendo.
Ahora que me pensé negro,
estaba muerto.
Y de muerto a vivo
hay dos pasos,
tuyos y míos.

Déjame volar lo recorrido
como veo al mundo estallar,
ya correré delante el sino
que nos vio callar.

Y ya está,
nunca voló solo.
Sol y luna en el trono.

Carlos Esteban González

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