Y es muy pronto, o quizá no. O quizá no es pronto y es el momento justo. A nadie le gusta caer contra el suelo y despertar en el choque, pero suelen ser las enseñanzas más válidas. El problema es que sea demasiado pronto para comprender el alcance de lo que ocurre y volvamos a sentirnos como en esa etapa de locura y confusión, la adolescencia. Y creo que llamar adolescentes a la sociedad española es, con mucho, un gran alago y una desmedida valoración, más bien nos comportamos como niños caprichosos e idiotas. No espero ofenderos ni alteraros, sólo estoy bajando las cosas al suelo, que es donde lo creamos, lo queramos, o no vivimos.
Idiotas, porque durante un largo periodo de paz, paz marcada por el terrorismo, que aquí en castilla se ve casi como algo quimérico y perturbador más que como personas asesinando a otras para crearse un trono de miedo a favor de sus ideales, los cuales defienden como los únicos preferibles y verdaderos, paz protagonizada por luchas constantes de lo que una vez se llamó lucha entre hermanos: el hombre contra la mujer llegando al zenit en el maltrato, personas contra personas de todo el país por un equipo deportivo que parece rival del otro, gente en las calles por ideales políticos que aferran a su ser, hombres que tratan de esconderse en eso que llaman odio frente a otros hombres en los que encuentran algún rasgo en el que focalizar su sentimiento como el color de piel, el dónde nacieron y por desgracia un largo etc. que no consigo recoger aquí.
Idiotas, porque durante un periodo de prosperidad económica, prosperidad económica que ahora muestran como un cebo para todos aquellos impuros que vivieron por encima de sus posibilidades y que han conseguido con sus actos que todos estemos ahora con cara de pobrecicos pero sin teatro, por la ley necesaria del hambre, la duda y la inseguridad que se acentúa en todos aquellos que además de no poder decirse a sí mismos si pueden seguir manteniéndose, tienen más personas a las que asegurar que nada malo va a pasar, personas que son casi siempre, lo que más les importa en el mundo.
Me gustaría decir que esto es mentira de forma total y absoluta, pero primero voy a acabar la frase. Porque durante un largo periodo de paz y prosperidad económica han tratado de hacernos creer que el mundo es como es y que es imposible cambiarlo, que las cosas son así y que el poder es aquello que nos une. Idiotas porque hemos creído que el mundo es así porque es así. Idiotas porque vivimos en un mundo que hemos creado nosotros, un mundo que hacemos posible nosotros cada día un mundo que no es nada sin los hombres, pero un mundo en el que los hombres creen que no son nada sin el mundo y que este tiene todos los poderes sobre ellos. Idiotas, pero ahora no os lo digo, que me asaltaréis con vuestro dolor e incertidumbre diciendo que todo esto son sueños de juventud, que ahora tenéis que seguir como sea y que a ver si mejora la cosa, que antes no era así. Entonces yo debería decir que los polis son perros asquerosos y que, qué pena no poder volarlos a todos por los aires cuando se ríen de los manifestantes. Perros, cabrones, hijos de puta y tal y tal, caca, culo, pedo, pis. ¡A la mierda!
Y así nos va. Siendo sincero he de reconocer que ha habido un tiempo no muy lejano en el que todo me daba igual, quitando a mis carnales. Que mis respuestas ante los abusos eran la indiferencia y la huida. Respuestas no motivadas por la incomprensión o el miedo, sino por una muy fuerte falta de interés y preocupación hacia el resto del mundo, acompañado todo ello por una manera de actuar teatral, tal y como consideraba que era mejor actuar en público para continuar con mi huida social, pero eso ya no es así. Y no es así porque el mundo en el que vivimos en un invento humano (para no dar pie a error con mundo me refiero al ámbito socio-cultural que dicen globalizado, no al planeta tierra, para más referencias sobre el Abuelo, mi poesía), vivimos en un ámbito artificial en el sentido más puro de la palabra. Y además este mundo nuestro no es un animal autosuficiente ni capaz de actuar sólo, que el exista y continúe depende exclusivamente de nosotros, entendiéndonos como la raza humana.
Somos los que somos y los que dentro de nuestro margen artificial permitimos ser a la par que ejercemos los papeles de creadores y perpetuadores.
El problema primero y pequeño, contando con la prioridad del otro del que hablaré, es que ya no hay un límite al que huir fuera de la sociedad, no hay margen en el que separase del resto porque somos la sociedad y somos la cultura (aceptando los papeles de creadores y perpetuadores) y porque la única forma que parece real de huir de la sociedad es hacerse el muerto, huir sin avisar de tal manera de todos comprendan que no hay forma que permita tu vuelta. Este no es un problema si uno no lo ve como tal, al igual que todos los problemas. El otro problema es malinterpretar el medio y comprender que este es así porque ya es así y así continua y continuará por sí sólo. Continuemos ahora desde el ¡a la mierda!: Policías, son personas también. Ya sé que esto lo sabéis pero la dimensión de este concepto es más amplia. Uno le grita desde la acera en la movilización frente a la puerta de la comisaria donde se encontraban los detenidos “luchan por la educación de tus hijos” y ellos continúan impasibles o algunos alegres y jocosos. Esto llama a la ira, y es comprensible pero ellos sólo tienen la culpa de aceptar su uniforme, aceptar defender un sistema y un gobierno concreto, aceptar continuar en una postura que a todas nuestras luces es errónea. Todos somos humanos, nos suponemos iguales en capacidad de acción, entonces ¿por qué yo o cualquiera se siente impotente ante esto o aquello que le parece injusto? Porque el poder no es algo físico acumulable, el poder hay que cederlo para que otro lo tenga. Si yo vivo en este país, en democracia, cedo gran parte de mi poder al sistema y él me da premios a cambio, véanse los sueños comunes: seguridad, felicidad, paz… Pues bien, todo esto es mentira. No existe la paz, la seguridad o la felicidad, no son más que conceptos artificiales y en la práctica acuerdos sociales; y esto es algo muy bueno. Es algo bueno, claro, sólo desde la perspectiva individual, desde la libertad personal.
El poder no existe sin la dominación y la dominación no existe sin la permisión de esta, traducido, sino no cedo y permito que alguien haga algo conmigo o sobre mí este alguien no tiene poder, claro que también hay millones de métodos, de los que como humanos deberíamos estar orgullosos por su gran número y diversidad de tratar de forzar a otros a someterse. Si no apruebas suspendes, significa sino te sometes a las reglas de esto no obtendrás lo que quieres de esto, el poder del profesor se lo da el alumno. El problema es que parece que se nos ha olvidado que el poder que tienen sobre nosotros se lo damos nosotros, no viene impuesto, no se nace con él y por si a caso alguien lo duda todavía, no lo da dios. ¿Y qué significa esto? Que aparte, hay que continuar cediendo para que el poder sea siendo lo que es, que otro pueda o no hacer algo. ¿Por qué los políticos, la policía o cualquier organismo del sistema actúan impunemente? Porque pueden, y ¿porqué pueden? Porque se lo permitimos constantemente, claro que no de una forma directa, yo, como todos, he venido a este mundo y el circo ya estaba hacía mucho en la misma carpa, la cosa es que continúa porque todos lo continuamos. Policía no es ser esto o lo otro, es ser la persona, entre otras, que permite que continúe esa parte del poder ejecutivo tal y como la conocemos. Con esto no quiero defender la actuación brutal, desmedida y violenta legalmente de todas estas personas con uniforme contra otras personas sin él. Si no quiero señalar que este mundo es artificial y por tanto si alguien puede cambiarlo son los hombres que viven en él y lo hacen posible, todos nosotros.
¿Mi sueño? Que todos cogiéramos todos los conceptos, ideas, uniformes y sistemas los dejásemos en el suelo y continuáramos con libertad de nosotros mismos. ¿Imposible? sí, si es imposible la cooperación global. Mientras tanto me gustaría tratar de hacer ver la realidad como es, en el sentido del ámbito socio-cultural en el que vivimos, una construcción artificial, no algo fijo, inmóvil e impuesto. El primer paso para soltar las cadenas creo que es reconocerlas y también creo que todas nuestras cadenas las hemos cerrado nosotros mismos en el sentido de que debemos ceder nuestro poder para que otros tenga poder sobre nosotros, no es un acto involuntario. Pero de la misma manera que las hemos cerrado tenemos la llave, claro sólo de las nuestras, pero cada uno de nosotros hace posible que el mundo sea como es y lo continúe siendo, ¿ves ya el camino del cambio?
Dejemos esto del cambio atrás, la clave es que como el cierre de cadenas no es voluntario un policía es persona antes y después de ponerse el uniforme pero también es policía cuando se lo quita, al igual que cualquiera de nosotros aunque no lleve uniforme en lo que hace o es deja de serlo ya que él decide serlo y continuar haciendo real esa acción o actitud. Todos somos personas, nos diferencian nuestras cadenas y nuestras determinaciones pero sólo son reales mientras nosotros las hacemos serlo, no nos determinan si no nos determinamos. No hay un nosotros concreto frente a un otros concreto y pretendido rival, todo ello es mentira, es una construcción mental y artificial. Señalar al policía como un animal ejecutor es desvirtualizarlo y alejarnos de la realidad, el problema es que es una persona que defiende la continuidad del mundo tal y como es, la perpetuación del sistema, de la construcción artificial que es la sociedad, la cultura, la moral, el poder… tal y como son.
Quizá es demasiado pronto para que carguen y golpeen y nosotros podamos ver que nada cambia, sólo su postura es más firme y agresiva, pero que sin que ellos y los demás organismos defiendan la continuidad, el cambio ocurre de manera natural, pues no hay que pedir permiso a nada externo a nosotros, como humanos, ni hay que hacer grandes matanzas para abrir los ojos. El cambio parte de nosotros, de todos, y parece que el cambio comienza con una idea, aquí hay una, todo es mentira sin yo, tú y él, no hay nosotros, no hay los otros, no hay bandos, no hay nada si todos no decimos que lo hay, la realidad la construimos nosotros constantemente, por ello tenemos pleno poder sobre ella.
Quizá sea demasiado pronto para que el pretendido miedo se convierta en luz de cambio en vez de en retirada a la sumisión, como esclavos de nuestros constructos, quizá es demasiado pronto para tomar cuenta de que todo es mentira y ser consecuentes con nuestra posición de creadores-actores. O ¿quizá no?
Carlos Esteban González
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