El hombre himenóptero.

Golpea la suerte
sobre las pobres hormigas,
el hormiguero se derrumba,
caen las grandes vigas
y sale la garganta de su tumba.

La reina se refugia,
fieles colmillos la protegen
ante las voces que adolecen
de las alas y el poder
que aquella puede conceder.

Las obreras se amontonan
a las puertas de su reino
y soldados las acongojan
con sus incisivos sangrientos.

Huracán de dentelladas,
tormenta de mordiscos,
patadas, insultos, gritos
y en aquel siniestro baile
una hormiga solitaria
lloraba por la sangre
que de su hermana brotaba.

Soldados se abalanzan
al filo de sus lanzas
contra la masa dispersa
que ahora es la presa
y aún sufre la chanza
de la reina a su despensa.

Tal vez a un tiempo sea
el hombre como la hormiga,
le atenaza el gran sistema
cuyas alas doradas se reserva
de las arcas de nuestra ruina.

Tal vez seamos solo átomos
de la gran molécula estructurada
pero no solo vemos las arcas,
también rabiamos por las alas
sean doradas o libertarias.

Queremos volar del nido de agujas
y aterrizar en vuestro balneario.
Queremos vivir como las brujas
atemorizando a los fieros aldeanos.

¡Oh! Terrible masacre de brazos voladores,
¡oh! Injusta batalla del ser oprimido,
¡oh! Lamento del bravo volcán de pobres
que lucha por abrasar el oro de los ricos.

Democracia de un partido
que se indigna a cada paso
y cuando golpea el afligido
con la voz desnuda del gallo
cantan las sirenas sus cantos
arrancando otro nuevo ideal
de la mente del aquel gallo.

¡Oh! Terrible masacre de brazos voladores,
¡oh! Injusta batalla del ser oprimido,
¡oh! Lamento del bravo volcán de pobres
que lucha por abrasar el oro de los ricos.

Otro enfrentamiento más
ondea las falsas banderas
que rugen al sonido de la paz
cuando las lanudas calaveras
pierden el vello al resonar
en el hueco del eco mordaz,
otro llanto en la claridad.

SALDREMOS A LA CALLE
DONDE HABITA EL MENDIGO
A ENCENDER LOS IDEALES
DEL GOBIERNO CORROMPIDO

Ernesto Rodríguez Vicente

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